.
"El tiempo cierra todas las heridas, el tiempo lo cura todo."
Bullshit.
Puede que en mi blog, el escritor se dedique a la búsqueda de puntos de vista alternos y que a veces, resulten en acciones redundantes, que logren trabajar el cerebro ajeno pero no sirva más que para llenar un espacio vacío de minutos... Bueno, de pasar el rato, eso.
Sin embargo...
Estaba pensando en Juggenaut, un personaje del Dota: está gozando de popularidad, hoy; sin embargo, su debilidad es la corta cantidad de maná máximo que posee y que no le permite el uso rutinario de sus excelentes habilidades. Entonces, los grandes jugadores deciden descartar una de sus mayores habilidades y dedicarse a maximizar sus pasivos, junto a la mejora de los atributos. Así, Jug puede seguir subiendo niveles, equipándose y teniendo peleas contra otros personajes sin problema alguno.
Y luego, trasladé ése mismo ejemplo a la vida real.
Uno se preocupa por una cierta cantidad de hechos diarios. En el momento de mezclarse con otras personas, se apuesta el temple en buenas o malas experiencias (según resulte cada sociabilización), formando preocupaciones de todo tipo. Cuando esas preocupaciones perduran a través del tiempo y se convierten en rutinas, el ser humano tiende a acomodarse dentro de ellas, a no desviarse, a mantenerlas lo más fieles posibles a sus gustos. Pero cuando alguien te obliga a vivir sin ellas...
Salteemos la parte en donde la pasamos horrible.
Pasa el tiempo, las heridas cierran, el corazón se cura y... bullshit, again.
Quitamos esa preocupación del medio. No dejamos de querer o "desear" ése objeto o persona, decidimos que es momento de vivir sin su utilidad. Puede que no encontremos un buen repuesto, un reemplazo que equipare la comodidad que nos hizo sentir en el pasado, pero amanecer sin la necesidad de tenerlo/a se vuelve sublime. Volvemos a ser independientes.
Entonces, si tengo al Jug sin giro, pero con los atributos inflados, puedo meter lindos críticos y usar el poco maná máximo que tengo sobre su mayor habilidad: Onmislash.
Entonces, si los días pasan sin esa preocupación en mi cabeza y los pulmones me funcionan de la misma manera, recupero la cordura y vuelvo a tener las ideas frescas.
Porque el corazón posee una cantidad limitada de maná.
Un pensamiento al pasar.
G
domingo, 26 de abril de 2015
martes, 21 de abril de 2015
Chiste interno
.
El título completo sería "Chiste interno: una burbuja autocomplaciente".
Pocos logran encontrar el balance correcto entre vivir y sentire vivo. Es por eso que recurren a la gracia que solamente uno mismo entiende: como el poeta, que pinta la vida con metáforas coloridas o bellas de palabra, al menos.
Sin embargo, nuestra manera de ser es agridulce... elige saborear lo social y mezclarse en ello, mientras convierte toda la basura que el cuerpo de la mente vomita en algo gracioso. Ahí es cuando entra en juego el chiste interno: convertimos una crítica negativa hacia terceros o aspectos propios de nuestra experiencia diaria en bromas llevaderas y descartables, pero que sólo uno entiende.
Ahora, ¿tan grande es la necesidad de quitarle intensidad a todo aquello que no tragamos o nos convierte en simples humanos? La naturaleza "animal" parece albergar niveles de inteligencia menores o inconsciencias mayores, donde esconder la voz que critica a los demás es común y sobrada en cobardía.
Porque, al final, se trata de asumir o no nuestras opiniones.
Como dije, es natural pensar mal de una persona o de un grupo entero y luego, no hacerse cargo de esas ideas. ¿Y qué tiene de malo? Es quién somos y cómo nuestras experiencias se transforman en ideales, condicionando todas las acciones por el resto de nuestras vidas. ¿Quién te dijo que está mal ser racista o machista? El concepto se torna en vicio cuando se usa para perjudicar lo ajeno, no cuando se llama "idea" en tu cabeza. Disfrutar viendo al mundo arder no te convierte en un villano, sino en alguien que pulió su cabeza desde un ángulo distinto.
Vamos, más de uno quiso que le fuera mal a una ex o que se prendiera fuego algún ladrón falopero.
No necesitamos escondernos detrás de chistes para uno solo, simplemente debemos asumir lo que existe en nuestra cabeza y aprender a restar importancia sobre lo que los demás piensen de nosotros, de nuetras acciones... para que, al final, dejemos de usar máscaras y demos un paso importante hacia la aceptación.
Pffff, no veo mejor final que ese.
G
El título completo sería "Chiste interno: una burbuja autocomplaciente".
Pocos logran encontrar el balance correcto entre vivir y sentire vivo. Es por eso que recurren a la gracia que solamente uno mismo entiende: como el poeta, que pinta la vida con metáforas coloridas o bellas de palabra, al menos.
Sin embargo, nuestra manera de ser es agridulce... elige saborear lo social y mezclarse en ello, mientras convierte toda la basura que el cuerpo de la mente vomita en algo gracioso. Ahí es cuando entra en juego el chiste interno: convertimos una crítica negativa hacia terceros o aspectos propios de nuestra experiencia diaria en bromas llevaderas y descartables, pero que sólo uno entiende.
Ahora, ¿tan grande es la necesidad de quitarle intensidad a todo aquello que no tragamos o nos convierte en simples humanos? La naturaleza "animal" parece albergar niveles de inteligencia menores o inconsciencias mayores, donde esconder la voz que critica a los demás es común y sobrada en cobardía.
Porque, al final, se trata de asumir o no nuestras opiniones.
Como dije, es natural pensar mal de una persona o de un grupo entero y luego, no hacerse cargo de esas ideas. ¿Y qué tiene de malo? Es quién somos y cómo nuestras experiencias se transforman en ideales, condicionando todas las acciones por el resto de nuestras vidas. ¿Quién te dijo que está mal ser racista o machista? El concepto se torna en vicio cuando se usa para perjudicar lo ajeno, no cuando se llama "idea" en tu cabeza. Disfrutar viendo al mundo arder no te convierte en un villano, sino en alguien que pulió su cabeza desde un ángulo distinto.
Vamos, más de uno quiso que le fuera mal a una ex o que se prendiera fuego algún ladrón falopero.
No necesitamos escondernos detrás de chistes para uno solo, simplemente debemos asumir lo que existe en nuestra cabeza y aprender a restar importancia sobre lo que los demás piensen de nosotros, de nuetras acciones... para que, al final, dejemos de usar máscaras y demos un paso importante hacia la aceptación.
Pffff, no veo mejor final que ese.
G
lunes, 6 de abril de 2015
Palabras abstractas
.
Hace un tiempo, conocí a una mujer que pintaba cuadros y de manera brillante. El único punto negativo es que había llegado tarde: ya no lo hacía, cuando empezamos a salir y, por lo tanto, no pude darme el orgullo de verla pintar. Una lástima, porque tenía obras que deleitaban la vista, ojos felinos que cautivaban al observador, una noche tan profunda que daba sueño, un jarrón lleno de almas con flores.
O viceversa.
Una de las primeras ideas que pasaban por mi cabeza era la de desconocer la verdadera razón ante su falta de inspiración y peor aún, mi entrega completa no alcanzaba para producir el milagro. Era una pena que guardaba en silencio, jamás llegué a expresarle mi inquietud, aunque nuestra época juntos fue menos que efímera. Aún así, soñaba con que algún día volviera a pintar, tal vez no para mí, sí para ella o al vacío, para quien se le antojase, que pintase, nada más.
Ya no compartíamos días, solamente inmadurez y fue cuando sumé años que me regaló una camisa, con un dragón tribal, ejecutado con la precisión del cariño y de la musa que disfrazó al egoísmo. Al día de hoy poseo la prenda pero no la uso, está amarillenta e impresentable ante terceros. Pero está, se los aseguro.
¿Voy a alguna parte con tanta introducción?
Recuerdo lo bueno que era yo dibujando y estudiando contabilidad; me veo hoy, entre todo ese cablerío de textos e ideas, preguntándome si al final las etapas de la vida no son más que sexo con desconocidos, donde la inspiración es el punto cúlmine y la ópera prima, un recuerdo... Las experiencias nos marcan y el disparador adecuado provoca al arte por donde fuere: dedos, observación, voz, tacto, corazón... Pero nada como el testigo que nos admira y se acuerda de aquellos tiempos en los que éramos artistas. Hoy, mañana, en otra vida, ya no recuerdo cómo dibujar, sí que ella pintaba cuadros y camisas con dragones tribales.
Recuerdo su arte.
Me pregunto si alguien, Vanina, Pablo, el otro Pablo, el seguridad del Burger, su hermano de Salta, Juan Manuel o el herrero, tal vez Eduardo, digo... se acuerden del viejo arte que nacía de mí.
Sólo pregunto.
G
Hace un tiempo, conocí a una mujer que pintaba cuadros y de manera brillante. El único punto negativo es que había llegado tarde: ya no lo hacía, cuando empezamos a salir y, por lo tanto, no pude darme el orgullo de verla pintar. Una lástima, porque tenía obras que deleitaban la vista, ojos felinos que cautivaban al observador, una noche tan profunda que daba sueño, un jarrón lleno de almas con flores.
O viceversa.
Una de las primeras ideas que pasaban por mi cabeza era la de desconocer la verdadera razón ante su falta de inspiración y peor aún, mi entrega completa no alcanzaba para producir el milagro. Era una pena que guardaba en silencio, jamás llegué a expresarle mi inquietud, aunque nuestra época juntos fue menos que efímera. Aún así, soñaba con que algún día volviera a pintar, tal vez no para mí, sí para ella o al vacío, para quien se le antojase, que pintase, nada más.
Ya no compartíamos días, solamente inmadurez y fue cuando sumé años que me regaló una camisa, con un dragón tribal, ejecutado con la precisión del cariño y de la musa que disfrazó al egoísmo. Al día de hoy poseo la prenda pero no la uso, está amarillenta e impresentable ante terceros. Pero está, se los aseguro.
¿Voy a alguna parte con tanta introducción?
Recuerdo lo bueno que era yo dibujando y estudiando contabilidad; me veo hoy, entre todo ese cablerío de textos e ideas, preguntándome si al final las etapas de la vida no son más que sexo con desconocidos, donde la inspiración es el punto cúlmine y la ópera prima, un recuerdo... Las experiencias nos marcan y el disparador adecuado provoca al arte por donde fuere: dedos, observación, voz, tacto, corazón... Pero nada como el testigo que nos admira y se acuerda de aquellos tiempos en los que éramos artistas. Hoy, mañana, en otra vida, ya no recuerdo cómo dibujar, sí que ella pintaba cuadros y camisas con dragones tribales.
Recuerdo su arte.
Me pregunto si alguien, Vanina, Pablo, el otro Pablo, el seguridad del Burger, su hermano de Salta, Juan Manuel o el herrero, tal vez Eduardo, digo... se acuerden del viejo arte que nacía de mí.
Sólo pregunto.
G
jueves, 2 de abril de 2015
Valer menos que un perro
.
Prestar atención: la connotación hace referencia a lo que todos creemos del animal... que es una mascota, nada más. Como tal, no razona y nos hace compañía pero, como valor intelectual, se ubica dentro del calificativo cuasi "racista".
O sea, menos que un perro.
Veinte visitas el treinta y uno, sin post nuevo de excusa. ¿Quién anduvo releyendo?
Hoy recibí el peor título despectivo y por parte de un miembro de mi familia. El incidente envolvió al perro en cuestión y al que escribe: en cuanto se oyó el grito quejumbroso del animal, un tercero preguntó porqué le pegué y que si mi gato se acerca a la cocina, "no te quejes si recibe un golpe, también".
"- ¿Le das la razón al perro antes de preguntarme si le pegué o no? ¿Ni el porqué?"
Fue como la versión bizarra y absurda de una tragedia de Homero, sin vergüenza al actuarse.
El episodio no representa más que un combo gargantuezco de insultos, perpetuados con el pasar de las décadas (dos, precisamente) y me hace recordar que alguna vez les enseñé a todos sobre esperanza y hasta me tragué las tragedias ajenas. Hoy tengo algo de esa esperanza, aún sintiéndome ahogado en alcohol o gritando a través de un vidrio. La gente suele aconsejarme de que no viva en el pasado, pero son esas mismas personas las que no resuelven sus conflictos conmigo y me convierten en el escritor caprichoso, en el insoportable, en quien pierde su propósito. Es entonces cuando todos miran al perro y le dan la razón, porque quien discute por capricho no merece respeto.
Si arrancamos desde la vanidad, ¿le daríamos la razón al que contradice nuestras acciones más seguras, más allá de que se equivoque o no?
Ahora, dicen que las acciones del presente son las que marcan al ejemplo y aún así, pareciera una afirmación momentánea y conveniente.
Obviemos el ejemplo de más arriba, el del familiar que no pregunta antes de culparme porqué el perro chilló a mi lado.
No puedo engañarme, tener amigos para contarles de mis victorias no merece ser amigo/a mío y menos si llega a pensar que si discuto es sólo por capricho. No soy estúpido, llevo años estudiando el comportamiento humano y se "un poquito" de reacciones o maneras de decir las cosas. Honestamente, me siento cuerdo gracias a mis encierros y a sus consecuentes replanteos, que desembocaron en una falta de nuevas aventuras por contar y en una paz interior que llevaba años sin tantear; es natural que tantas veces hable de lo mismo y, sin embargo, cuando planteo reveses...
So...
No me voy a tirar atrás ni menos a cambiar mis opiniones porque no encuentre la manera de hacer razonar a mis amistades. La realidad es que una a una se fueron alejando, tanto por mí manera de caminar hacia atrás o porque ellas mismas siguieron adelante; al final, ninguna va a quedar, porque conozco sus huecos y no valgo en acciones más de lo que vale el perro: en sus espejos, mi reflejo muestra a una persona que puede pasar tres años encerrado en el vacío sin siquiera provocarle una reacción a mamá Teresa, dejando que yo mismo encuentre mi psicología y salga adelante.
Pues...
... no vine al mundo para vivir solo ni mucho menos, para dejar que los demás celebren mis logros personales de arriba. No hice amigos para únicamente saludarlos desde la distancia o contarles trivialidades que poco enriquecen ciertos momentos. No pude ni puedo seguir vivir con esa sensación , la de ser un objeto inmóbil a los ojos de los demás, de todos aquellos a quienes nombré "importantes" y prefirieron ocultar diariamente sus egoísmos personales, con excusas estúpidas.
Estoy cansado de esperar motivos.
El perro no tiene precio.
Ni yo.
G
PD: con la mano vendada sigo escribiendo en blog.
Prestar atención: la connotación hace referencia a lo que todos creemos del animal... que es una mascota, nada más. Como tal, no razona y nos hace compañía pero, como valor intelectual, se ubica dentro del calificativo cuasi "racista".
O sea, menos que un perro.
Veinte visitas el treinta y uno, sin post nuevo de excusa. ¿Quién anduvo releyendo?
Hoy recibí el peor título despectivo y por parte de un miembro de mi familia. El incidente envolvió al perro en cuestión y al que escribe: en cuanto se oyó el grito quejumbroso del animal, un tercero preguntó porqué le pegué y que si mi gato se acerca a la cocina, "no te quejes si recibe un golpe, también".
"- ¿Le das la razón al perro antes de preguntarme si le pegué o no? ¿Ni el porqué?"
Fue como la versión bizarra y absurda de una tragedia de Homero, sin vergüenza al actuarse.
El episodio no representa más que un combo gargantuezco de insultos, perpetuados con el pasar de las décadas (dos, precisamente) y me hace recordar que alguna vez les enseñé a todos sobre esperanza y hasta me tragué las tragedias ajenas. Hoy tengo algo de esa esperanza, aún sintiéndome ahogado en alcohol o gritando a través de un vidrio. La gente suele aconsejarme de que no viva en el pasado, pero son esas mismas personas las que no resuelven sus conflictos conmigo y me convierten en el escritor caprichoso, en el insoportable, en quien pierde su propósito. Es entonces cuando todos miran al perro y le dan la razón, porque quien discute por capricho no merece respeto.
Si arrancamos desde la vanidad, ¿le daríamos la razón al que contradice nuestras acciones más seguras, más allá de que se equivoque o no?
Ahora, dicen que las acciones del presente son las que marcan al ejemplo y aún así, pareciera una afirmación momentánea y conveniente.
Obviemos el ejemplo de más arriba, el del familiar que no pregunta antes de culparme porqué el perro chilló a mi lado.
No puedo engañarme, tener amigos para contarles de mis victorias no merece ser amigo/a mío y menos si llega a pensar que si discuto es sólo por capricho. No soy estúpido, llevo años estudiando el comportamiento humano y se "un poquito" de reacciones o maneras de decir las cosas. Honestamente, me siento cuerdo gracias a mis encierros y a sus consecuentes replanteos, que desembocaron en una falta de nuevas aventuras por contar y en una paz interior que llevaba años sin tantear; es natural que tantas veces hable de lo mismo y, sin embargo, cuando planteo reveses...
So...
No me voy a tirar atrás ni menos a cambiar mis opiniones porque no encuentre la manera de hacer razonar a mis amistades. La realidad es que una a una se fueron alejando, tanto por mí manera de caminar hacia atrás o porque ellas mismas siguieron adelante; al final, ninguna va a quedar, porque conozco sus huecos y no valgo en acciones más de lo que vale el perro: en sus espejos, mi reflejo muestra a una persona que puede pasar tres años encerrado en el vacío sin siquiera provocarle una reacción a mamá Teresa, dejando que yo mismo encuentre mi psicología y salga adelante.
Pues...
... no vine al mundo para vivir solo ni mucho menos, para dejar que los demás celebren mis logros personales de arriba. No hice amigos para únicamente saludarlos desde la distancia o contarles trivialidades que poco enriquecen ciertos momentos. No pude ni puedo seguir vivir con esa sensación , la de ser un objeto inmóbil a los ojos de los demás, de todos aquellos a quienes nombré "importantes" y prefirieron ocultar diariamente sus egoísmos personales, con excusas estúpidas.
Estoy cansado de esperar motivos.
El perro no tiene precio.
Ni yo.
G
PD: con la mano vendada sigo escribiendo en blog.
domingo, 22 de marzo de 2015
El bueno, el malo y el gris
.
Quiero hablar del problema sin ser subjetivo y me insisto tanto en lograr un imposible que la mitad de la cara se me oscurece.
Puede que no exista la manera, pero voy a seguir intentando.
La vida te lleva por caminos inesperados e ineludibles y las consecuencias están firmadas por cada decisión que tomamos con respecto a ellas. Finalmente, es la experiencia quien termina de modelar nuestro carácter, nuestros recuerdos y todos esos fragmentos de emoción que se dispersan dentro del ser. La vestimenta le queda chica y no existe un nombre más burdo que el de "humano". Sin embargo, es ése combo de decisiones, caracteres y emociones lo que nos permite subirnos al pedestal de la "diferencia individual".
No obstante, existen tres extremos en la vida. Sí, tres, no dos. Jugando con los estereotipos, podemos decir que existe uno bueno, uno malo y uno gris (nuevito, recién sacado de la caja). Todos, pero ABSOLUTAMENTE TODOS son dignos de respetar: a pesar de tener un poco del blanco y del negro, el gris consigue tratos únicos sobre lo inconcebible; es quien negocia, quien reconocilia, quien revela las virtudes olvidadas de los otros dos. Puede que el buenazo perdone todo y no castigue, que con el malote sea inquisidor. En cambio, el policromático siempre recuerda. Siempre.
Aún así, resultan incompatibles entre sí.
Y la lealtad es víctima en primera fila.
Siento que ya no es requisito obligado en la amistad y, lamentablemente, también me dejo influenciar por los resultados negativos que obtuve sobre ciertas inversiones desinteresadas. Hoy por hoy no tengo derecho a reclamar siquiera un alfiler, se que me he vuelto el perfecto ejemplo de quien no cree en la confianza ni en la lealtad ajena, pero no puedo justificarme porque ya no me juego por los demás. Me he vuelto un hablador, un fanfarrón que indentifica su problema: quiero ser bueno o malo, nunca gris, quiero tener seguridad en mis convicciones; no me siento cómodo siendo amigo de dios y del diablo, no puedo saludar a aquel que traiciona o lastima a quien aprecio. Va más allá de mi comprensión y de mi penitencia, no es algo que pueda evitar. Así soy.
Como dije más arriba... incompatibles.
Sabés, me siento como el fumador que quiere dejar su vicio y no puede, porque siempre tiene al lado alguien que le ofrece cigarrillos. Puedo hablar veinticinco horas de ella, pero jamás recibir un cambio inteligente de tema de tu parte.
Y siempre tengo que solucionar todo solo.
¿Para qué mierda tengo amigos o amigas? ¿Para contarles luego cómo fue ganarle a la vida sin ayuda?
G
Quiero hablar del problema sin ser subjetivo y me insisto tanto en lograr un imposible que la mitad de la cara se me oscurece.
Puede que no exista la manera, pero voy a seguir intentando.
La vida te lleva por caminos inesperados e ineludibles y las consecuencias están firmadas por cada decisión que tomamos con respecto a ellas. Finalmente, es la experiencia quien termina de modelar nuestro carácter, nuestros recuerdos y todos esos fragmentos de emoción que se dispersan dentro del ser. La vestimenta le queda chica y no existe un nombre más burdo que el de "humano". Sin embargo, es ése combo de decisiones, caracteres y emociones lo que nos permite subirnos al pedestal de la "diferencia individual".
No obstante, existen tres extremos en la vida. Sí, tres, no dos. Jugando con los estereotipos, podemos decir que existe uno bueno, uno malo y uno gris (nuevito, recién sacado de la caja). Todos, pero ABSOLUTAMENTE TODOS son dignos de respetar: a pesar de tener un poco del blanco y del negro, el gris consigue tratos únicos sobre lo inconcebible; es quien negocia, quien reconocilia, quien revela las virtudes olvidadas de los otros dos. Puede que el buenazo perdone todo y no castigue, que con el malote sea inquisidor. En cambio, el policromático siempre recuerda. Siempre.
Aún así, resultan incompatibles entre sí.
Y la lealtad es víctima en primera fila.
Siento que ya no es requisito obligado en la amistad y, lamentablemente, también me dejo influenciar por los resultados negativos que obtuve sobre ciertas inversiones desinteresadas. Hoy por hoy no tengo derecho a reclamar siquiera un alfiler, se que me he vuelto el perfecto ejemplo de quien no cree en la confianza ni en la lealtad ajena, pero no puedo justificarme porque ya no me juego por los demás. Me he vuelto un hablador, un fanfarrón que indentifica su problema: quiero ser bueno o malo, nunca gris, quiero tener seguridad en mis convicciones; no me siento cómodo siendo amigo de dios y del diablo, no puedo saludar a aquel que traiciona o lastima a quien aprecio. Va más allá de mi comprensión y de mi penitencia, no es algo que pueda evitar. Así soy.
Como dije más arriba... incompatibles.
Sabés, me siento como el fumador que quiere dejar su vicio y no puede, porque siempre tiene al lado alguien que le ofrece cigarrillos. Puedo hablar veinticinco horas de ella, pero jamás recibir un cambio inteligente de tema de tu parte.
Y siempre tengo que solucionar todo solo.
¿Para qué mierda tengo amigos o amigas? ¿Para contarles luego cómo fue ganarle a la vida sin ayuda?
G
viernes, 20 de marzo de 2015
Razonamiento inentendible pero imperfecto
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Si la solución empieza por darse cuenta uno de las culpas... ¿puede aprender una persona de esos errores si jamás se molesta en prevenirlos? Tal vez no quiera... tal vez no lleve en su sangre el gen de la autosuperación. Tal vez no es su oficio.
Jdksllfkjsdjlfdkj.
A otra cosa, ¿sabían que las arañas te pican cuando se sienten amenazadas? Y algunos piensan que lo hacen porque son bichos.
Existen personas que tienen el cerebro tan pequeño que actuan igual, por instinto. Mencioné algo en el post anterior: la lógica no es para todos, ser humano ya es difícil de por sí y usar la cabeza, lo es aún más. En la otra cara de la moneda, se encuentra el tipo de gente que se molesta en pensar las cosas de manera correcta y luego, en aplicar sobre los demás esos "pensamientos correctos" pero en forma consejos. Claro que, no todos "los demás" aceptan una ayuda cerebral externa con facilidad.
Como los perros con un hueso, defienden el sustento autoestimativo (cagastellano) con recelo, aunque su carne sea invisible y ya no tenga sabor. Mientras tanto, los que aconsejan, proveen sus propios grados de humanismo y proyectan... No es un secreto a puertas cerradas: la "crítica constructiva" o "desinteresada" nace del ideal que proyectamos sobre nuestras vidas. Si algo no sale como lo esperado, es difícil de aceptar que el concepto aplicado es erróneo, así que decidimos guardarlo en un cajón, para futuros experimentos. Más tarde, volverá a la luz en forma de consejo y será más que una idea usada pero insistente, que buscará justificar la manera de pensar de su dueño.
(Puede que últimamente vea al ser humano como un ser más allá de lo individual: puramente egoísta.)
"Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, las tildes se vuelven tácitas y dejan de tener valor, es cuando empiezo a desglosar al mundo por su simpleza, por la misma idea de individualismo y su contraria complicidad. Me abandono a la proyección del egoísmo sobre las opiniones y evalúo el comportamiento colectivo, el porqué de defender un hueso que ya no tiene ego ni carne, el porqué de quienes observan y luego escriben, que necesiten justificarse..."
Y tener que poner en cursiva frases que son obvias para un ávido lector.
Porqué entender la manera de ser de cada uno, porqué.
Tal vez me sobre el tiempo, tal vez.
G
PD: Quería probar un punto, no se si ustedes se dieron cuenta de cuál fue.
Si la solución empieza por darse cuenta uno de las culpas... ¿puede aprender una persona de esos errores si jamás se molesta en prevenirlos? Tal vez no quiera... tal vez no lleve en su sangre el gen de la autosuperación. Tal vez no es su oficio.
Jdksllfkjsdjlfdkj.
A otra cosa, ¿sabían que las arañas te pican cuando se sienten amenazadas? Y algunos piensan que lo hacen porque son bichos.
Existen personas que tienen el cerebro tan pequeño que actuan igual, por instinto. Mencioné algo en el post anterior: la lógica no es para todos, ser humano ya es difícil de por sí y usar la cabeza, lo es aún más. En la otra cara de la moneda, se encuentra el tipo de gente que se molesta en pensar las cosas de manera correcta y luego, en aplicar sobre los demás esos "pensamientos correctos" pero en forma consejos. Claro que, no todos "los demás" aceptan una ayuda cerebral externa con facilidad.
Como los perros con un hueso, defienden el sustento autoestimativo (cagastellano) con recelo, aunque su carne sea invisible y ya no tenga sabor. Mientras tanto, los que aconsejan, proveen sus propios grados de humanismo y proyectan... No es un secreto a puertas cerradas: la "crítica constructiva" o "desinteresada" nace del ideal que proyectamos sobre nuestras vidas. Si algo no sale como lo esperado, es difícil de aceptar que el concepto aplicado es erróneo, así que decidimos guardarlo en un cajón, para futuros experimentos. Más tarde, volverá a la luz en forma de consejo y será más que una idea usada pero insistente, que buscará justificar la manera de pensar de su dueño.
(Puede que últimamente vea al ser humano como un ser más allá de lo individual: puramente egoísta.)
"Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, las tildes se vuelven tácitas y dejan de tener valor, es cuando empiezo a desglosar al mundo por su simpleza, por la misma idea de individualismo y su contraria complicidad. Me abandono a la proyección del egoísmo sobre las opiniones y evalúo el comportamiento colectivo, el porqué de defender un hueso que ya no tiene ego ni carne, el porqué de quienes observan y luego escriben, que necesiten justificarse..."
Y tener que poner en cursiva frases que son obvias para un ávido lector.
Porqué entender la manera de ser de cada uno, porqué.
Tal vez me sobre el tiempo, tal vez.
G
PD: Quería probar un punto, no se si ustedes se dieron cuenta de cuál fue.
martes, 17 de marzo de 2015
Desastre natural
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- Vos sos lo que se dice "una zorra".- afirma él, con una sonrisa en la comisura.- Pero en el nivel menos peligroso de tu instinto. No sos como las demás, aquellas zorras que te arruinan la vida por conveniencia.
- Eso es bueno, ¿no? No me siento tan mal.- responde ella, suspirando de alivio.
- Nunca dije que las zorras fueran buenas para el hombre.
Una de las cuestiones que más repito en éste lugar es la de los papeles que cada persona cumple en la vida de otros. Y más allá del egoísmo que todos traemos bajo el brazo cuando nacemos, ¿a qué apuntamos realmente cuando elegimos lo efímero? No puedo evitar pensar que no existe más que ese egolatrismo disimulado y la ventaja que esperamos obtener de lo pasajero...
... ya que escasean los buenos momentos de la vida, vienen a cuentagotas y se van sin previo aviso, como un orgasmo intenso que se evapora en segundos. ¿Por qué no buscar más? Si poco duran y son adictivos...
Me pregunto porqué es más importante la cantidad que la calidad: si invirtiéramos energías en estirar en vez de repetir, la puntería tomaría estilo, se afinaría con la práctica y el sacrificio invertido pagaría mejor. Sin embargo, este mundo está acostumbrado a desechar lo que no le sirve y pocas veces se detiene a reparar lo que realmente vale la pena. El instinto es bueno y suele acertar con las emociones, pero no tiene cerebro para la lógica y si les digo que es mejor procurarse momentos felices extensos, es porque estoy demasiado loco...
... o tal vez tenga razón.
Ya se, parezco pastor de iglesia universal.
Significado... cuando me tocan buenos ratos, busco la manera de que duren, de que se aten a mí, de que quieran volver. Busco "calidad", porque el arte de la repetición no funciona para todos y algunos terminamos desgastando la consciencia, de tanto equivocarnos.
Para cerrar, quiero aclarar que con el diálogo de más arriba quise aludir a todos aquellos/as que toman lo malo y revuelven hasta encontrar granitos de cosas buenas, que duran nada y se pierden en un parpadeo (otra vez, enfocamos para el lado incorrecto). Existen experiencias que no te dan segundas oportunidades o, si por casualidad te las dan, suele ser cuando ya no tenés las mismas ganas o cambiaste de gustos.
"El ser humano es el peor vicio que la naturaleza posee."
Excepto por su parte lógica.
G
- Vos sos lo que se dice "una zorra".- afirma él, con una sonrisa en la comisura.- Pero en el nivel menos peligroso de tu instinto. No sos como las demás, aquellas zorras que te arruinan la vida por conveniencia.
- Eso es bueno, ¿no? No me siento tan mal.- responde ella, suspirando de alivio.
- Nunca dije que las zorras fueran buenas para el hombre.
Una de las cuestiones que más repito en éste lugar es la de los papeles que cada persona cumple en la vida de otros. Y más allá del egoísmo que todos traemos bajo el brazo cuando nacemos, ¿a qué apuntamos realmente cuando elegimos lo efímero? No puedo evitar pensar que no existe más que ese egolatrismo disimulado y la ventaja que esperamos obtener de lo pasajero...
... ya que escasean los buenos momentos de la vida, vienen a cuentagotas y se van sin previo aviso, como un orgasmo intenso que se evapora en segundos. ¿Por qué no buscar más? Si poco duran y son adictivos...
Me pregunto porqué es más importante la cantidad que la calidad: si invirtiéramos energías en estirar en vez de repetir, la puntería tomaría estilo, se afinaría con la práctica y el sacrificio invertido pagaría mejor. Sin embargo, este mundo está acostumbrado a desechar lo que no le sirve y pocas veces se detiene a reparar lo que realmente vale la pena. El instinto es bueno y suele acertar con las emociones, pero no tiene cerebro para la lógica y si les digo que es mejor procurarse momentos felices extensos, es porque estoy demasiado loco...
... o tal vez tenga razón.
Ya se, parezco pastor de iglesia universal.
Significado... cuando me tocan buenos ratos, busco la manera de que duren, de que se aten a mí, de que quieran volver. Busco "calidad", porque el arte de la repetición no funciona para todos y algunos terminamos desgastando la consciencia, de tanto equivocarnos.
Para cerrar, quiero aclarar que con el diálogo de más arriba quise aludir a todos aquellos/as que toman lo malo y revuelven hasta encontrar granitos de cosas buenas, que duran nada y se pierden en un parpadeo (otra vez, enfocamos para el lado incorrecto). Existen experiencias que no te dan segundas oportunidades o, si por casualidad te las dan, suele ser cuando ya no tenés las mismas ganas o cambiaste de gustos.
"El ser humano es el peor vicio que la naturaleza posee."
Excepto por su parte lógica.
G
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