.
Las cosas se tergiversan cuando mi lado "bestia" (como M lo citó en el post anterior) se cree el dueño de la razón y no escucha opiniones ajenas pero importantes.
No lo sé... odio discutir, si tengo que plantarme un segundo, enfriar ésta cabeza que me quema detrás de los ojos, se antepone el Gabriel exigente, el que espera reacciones naturales para reacciones gabrielianas naturales. El tema se complica cuando decido hacerlo en el momento más erróneo, acá puedo hacer otro alto... y decir que nunca tomo con malas intenciones una actitud natural y sencilla, simplemente la hago porque es fiel a mí y sucede que a veces me doy cuenta de que no estoy siendo tan yo, tan Gabriel... tan tan... de a dos. Y dudo, por tomar esa actitud sin entender si me discuten porque tengo o no razón, algo que no me gusta (simplemente no dudar, estar seguro de si la tengo o no). Aquí es cuando dudo también de si elegí el peor momento o el menos, si voy porque quiero demostrar sin zaña alguna una buena acción, ¿por qué dejo de entender a la otra persona si lo único que pretendo es robarme una sonrisa? Sumemos a ésto el hecho de lo poco paciente que soy, lo fácil que me enojo en estas circunstancias, lo poco que entiendo situaciones, la sonrisa estúpida que se me dibuja porque estoy cansado de discutir por una boludez...
Todo esto forma un cóctel que más tarde será fiesta para mi ciclotimia.
Y el punto es que estoy cansado de lastimar y lastimarme, a veces no sé cómo detener ciertas malas actitudes o conseguir algo de paz continua. Me pregunto si el problema es que los dos somos inestables, si el único problema soy yo o es ella. Claro que primero me echo la culpa a mí, lo primero que hago al quedarme solo es tirar abajo toda mi entereza y lamentarme de lo que hice, con o sin mi culpa, porque en el fondo, después de una discusión, lo único que me importa es lo lejano que me siento de continuar...
Lo único que termina importándome es perder a la única persona que hoy por hoy me trae sonrisas la mayor parte de mi día.
Y que encima quiero de la manera más especial.
Ven, ya me odio por decir una "a" de más al empezar una discusión.
Por eso, me merezco estar solo.
Gabriel
lunes, 20 de octubre de 2008
viernes, 10 de octubre de 2008
2 x 1 (negocio)
.
Tratando de hacernos feliz me di cuenta de que la mitad de mi cabeza no está de acuerdo con eso.
Inverbe, egoísta, egocéntrico, endulzante, alternativo, punzante, demostrativo, genial, aplastante, bueno, natural, sencillo, sincero, ciclotímico, insultante, destructivo, saboteador, reconfortante, despreciable, acompañable, desesperante, talentoso, nato, casi perfecto, imposible de llevar...
A veces... simplemente quisiera que la gente me tapara la voz con sus propias historias.
I am the one who chose my path.
I am the one who couldn't last.
I am alive full of pain.
I feel the anger changing me.
Ayer me di cuenta de que no controlo esa mitad.
Malinterpretalo.
Gabriel
Tratando de hacernos feliz me di cuenta de que la mitad de mi cabeza no está de acuerdo con eso.
Inverbe, egoísta, egocéntrico, endulzante, alternativo, punzante, demostrativo, genial, aplastante, bueno, natural, sencillo, sincero, ciclotímico, insultante, destructivo, saboteador, reconfortante, despreciable, acompañable, desesperante, talentoso, nato, casi perfecto, imposible de llevar...
A veces... simplemente quisiera que la gente me tapara la voz con sus propias historias.
I am the one who chose my path.
I am the one who couldn't last.
I am alive full of pain.
I feel the anger changing me.
Ayer me di cuenta de que no controlo esa mitad.
Malinterpretalo.
Gabriel
viernes, 3 de octubre de 2008
¿La Pluma O La Espada?
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A veces, querer decir algo con palabras no es la mejor manera de expresarlo.
Gabriel
A veces, querer decir algo con palabras no es la mejor manera de expresarlo.
Gabriel
viernes, 12 de septiembre de 2008
Quince Minutos De Fama
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Existen personas que siguen siendo iguales luego de los veintiún años. Puede que no exactamente a esa edad cada persona forje su carácter y se prepare para ser adulto, pero a rasgos generales uno es cuando obtiene esos grandes cambios que la definen por el resto de su vida.
¿A qué voy con ésto?
A medida que pasan los años y uno va tomando consciencia de la gente que lo rodea, se va dando cuenta de lo mal que terminan algunos. Y no necesariamente porque lleguen a ser realmente malos (como la palabra lo define de manera sencilla), sino que se vuelven egoístas y erróneos, comienzan a tener equivocaciones que perjudican a los más cercanos. Pero, ¿por qué a los más cercanos? ¿No se supone que son los que más importan, a los que más se les debe respeto? ¿Cómo es que personas de bien se transforman en manipuladores de nuestros estados de ánimo? No lo sé... simplemente pasa. Y nadie se sienta dos segundos a responder el porqué, ni siquiera la misma persona que hace daño de manera consciente o no, solamente se dedica a abrir la boca o a mover las manos en perjuicio de un amigo, un familiar, una pareja. Y así, todo se va al tacho.
Pero claro, queda la gente a la que sí le importa lo que está pasando. Lo que le está pasando a ellos mismos. No la gente que tiene depresiones o ataques de rabia, celos o envidia, malicia y hasta desolación... que perjudiquen a ajenos. La gente que hace bien, que realmente hace bien y que no se merece ése tipo de descuidos es injustamente atacada, dejándolos desprovistos de sueños y esperanzas, preguntándose porqué alguien que supuestamente los quiere puede hacerles eso.
Y saben, estoy hasta las pelotas de que se caguen en uno mismo.
El único consuelo que tengo es la consciencia que todos, malos y buenos, tenemos. Que algún día nos llegará a todos y nos juzgará, con creces, sin dudar, sin objetar, sin malinterpretar. Y cada persona buena que soportó malas afrentas gratuitas ni siquiera se acordará de reírse por venganza, porque estarán disfrutando la vida lejos de ellos.
Y sí, suena triste, conocer gente, confiar en ellos plenamente, confiarles la propia vida misma, para que luego nos obliguen a perderlos.
Sin embargo, mi vida, vos, sí, vos... no estás sola.
Así como hubo y hay gente que te decepciona, te rodearás siempre de gente que te sepa querer.
Gabriel
Existen personas que siguen siendo iguales luego de los veintiún años. Puede que no exactamente a esa edad cada persona forje su carácter y se prepare para ser adulto, pero a rasgos generales uno es cuando obtiene esos grandes cambios que la definen por el resto de su vida.
¿A qué voy con ésto?
A medida que pasan los años y uno va tomando consciencia de la gente que lo rodea, se va dando cuenta de lo mal que terminan algunos. Y no necesariamente porque lleguen a ser realmente malos (como la palabra lo define de manera sencilla), sino que se vuelven egoístas y erróneos, comienzan a tener equivocaciones que perjudican a los más cercanos. Pero, ¿por qué a los más cercanos? ¿No se supone que son los que más importan, a los que más se les debe respeto? ¿Cómo es que personas de bien se transforman en manipuladores de nuestros estados de ánimo? No lo sé... simplemente pasa. Y nadie se sienta dos segundos a responder el porqué, ni siquiera la misma persona que hace daño de manera consciente o no, solamente se dedica a abrir la boca o a mover las manos en perjuicio de un amigo, un familiar, una pareja. Y así, todo se va al tacho.
Pero claro, queda la gente a la que sí le importa lo que está pasando. Lo que le está pasando a ellos mismos. No la gente que tiene depresiones o ataques de rabia, celos o envidia, malicia y hasta desolación... que perjudiquen a ajenos. La gente que hace bien, que realmente hace bien y que no se merece ése tipo de descuidos es injustamente atacada, dejándolos desprovistos de sueños y esperanzas, preguntándose porqué alguien que supuestamente los quiere puede hacerles eso.
Y saben, estoy hasta las pelotas de que se caguen en uno mismo.
El único consuelo que tengo es la consciencia que todos, malos y buenos, tenemos. Que algún día nos llegará a todos y nos juzgará, con creces, sin dudar, sin objetar, sin malinterpretar. Y cada persona buena que soportó malas afrentas gratuitas ni siquiera se acordará de reírse por venganza, porque estarán disfrutando la vida lejos de ellos.
Y sí, suena triste, conocer gente, confiar en ellos plenamente, confiarles la propia vida misma, para que luego nos obliguen a perderlos.
Sin embargo, mi vida, vos, sí, vos... no estás sola.
Así como hubo y hay gente que te decepciona, te rodearás siempre de gente que te sepa querer.
Gabriel
viernes, 22 de agosto de 2008
Abuelos
.
Ayer murió mi abuelo. Poco más de un mes después de la muerte de mi abuela, la mujer de todo su vida. Estuvieron casados por más de sesenta años, cantidad que hoy en día suena generalmente utópica para el día de mañana, para nuestra generación de insolentes rutinarios. Mis abuelos de crianza, ellos me han ayudado tanto que jamás podré retribuirlo, probablemente a mis propios nietos (solo para entendidos) pero no creyendo de la misma cantidad... o calidad... Es con el tiempo y la experiencia que aprendemos a valorar esas cosas de manera profunda. Y si bien he procurado ayudarlos en sus últimos momentos (que a excepción de mi abuelo, no pude verlo de antemano), fue cuando me di cuenta de que no importaban todas las diferencias y los errores que cometieron...
Aunque el único gran error que hayan cometido haya sido el de malcriar a mi viejo.
Mi abuela siempre molestó con su religión, me ha enchufado hasta el hartazgo volantes y revistas, predicándome lo que nunca llegué a creer. Incluso ha criticado tantas cosas que he hecho, la mayoría buenas y la he mandado (literalmente) a la (censurado). Pero en los últimos tiempos llegamos a hablar más y no ha perdido la oportunidad de agradecérmelo, siempre pretendiendo que termine el secundario, que armara una vida económica fuerte pero más que nada, de bien. Le he visto la satisfacción en la cara al verme trabajar nuevamente y al verme hablar con entusiasmo sobre retomar los estudios. Siempre "comete un tomate" o "hay que tener fe en Dios", entre otras tantas cosas. Como enseñarme siempre las mismas fotos sobre su casamiento y posteriores viajes por el interior del país o sus muñecos, peluches y de plástico, cual niña de diez años que nunca vió una en su vida, por haber pertenecido a una familia pobre...
Y pensar que la última vez que la vi no podía levantarse siquiera.
Mi abuelo siempre se comportó como mi abuelo. Me hizo hincha de Independiente. Me llevaba de muy chico a todas partes, pasábamos horas en la estación de trenes de Flores mirándolos pasar y pidiéndole que viéramos sólo uno más, ante su pedido de "¿vamos?". O cuando me llevaba a la cancha para ver los últimos partidos de Bochini con la camiseta del rojo o íbamos juntos a Ferro para probarme como jugador (nunca me importó quedar, sólo me divertía). Me ayudó quinientas veces cuando necesité viajar al fin del mundo y no tenía para pagar mi viaje. Me enseñó quinientas veces su carnet de socio diablo. Me dijo que la abuela me quería mucho y que sólo quería verme superar lavida de mierda que mi viejo me dió.
La última vez que lo vi ya no tenía ganas de vivir.
Ambos ya no pueden verme lograr mis metas. Hay gente que usa "metáforas" o "creencias" para decir que ya no sufren más o que me miran desde arriba. A mí, entre lágrimas y una triste sonrisa, me gusta pensar que otra vez están juntos y que su amor de más de sesenta años podrá durar para siempre.
Mi viejo me privó de ver una última vez a mi abuela, al ocultarme que estaba internada en un sanatorio. Mi viejo me privó de ver una última vez a mi abuelo, al ocultarme que estaba internado en el mismo sanatorio que yo lo interné y que nunca fue a verlo. No es que quise despedirme, no, nunca despedirme... pero al menos quise hablar una vez más con ellos, decirles que los quería y darles las gracias por haberme querido tanto. Ahora ya no puedo hacerlo, mi viejo arruinó todo, como todo lo que tocó en su miserable vida. Sé que no debo ponerme a su altura y ser rencoroso, todo lo que ha hecho lo pagará estando vivo pero de algo estoy más que seguro: algún día nos cruzaremos, algún día me lo voy a encontrar y será en ese momento cuando le haré pagar el haberme dejado el solo recuerdo de sus rostros enmudecidos en vida por la misma muerte.
Gabriel
Ayer murió mi abuelo. Poco más de un mes después de la muerte de mi abuela, la mujer de todo su vida. Estuvieron casados por más de sesenta años, cantidad que hoy en día suena generalmente utópica para el día de mañana, para nuestra generación de insolentes rutinarios. Mis abuelos de crianza, ellos me han ayudado tanto que jamás podré retribuirlo, probablemente a mis propios nietos (solo para entendidos) pero no creyendo de la misma cantidad... o calidad... Es con el tiempo y la experiencia que aprendemos a valorar esas cosas de manera profunda. Y si bien he procurado ayudarlos en sus últimos momentos (que a excepción de mi abuelo, no pude verlo de antemano), fue cuando me di cuenta de que no importaban todas las diferencias y los errores que cometieron...
Aunque el único gran error que hayan cometido haya sido el de malcriar a mi viejo.
Mi abuela siempre molestó con su religión, me ha enchufado hasta el hartazgo volantes y revistas, predicándome lo que nunca llegué a creer. Incluso ha criticado tantas cosas que he hecho, la mayoría buenas y la he mandado (literalmente) a la (censurado). Pero en los últimos tiempos llegamos a hablar más y no ha perdido la oportunidad de agradecérmelo, siempre pretendiendo que termine el secundario, que armara una vida económica fuerte pero más que nada, de bien. Le he visto la satisfacción en la cara al verme trabajar nuevamente y al verme hablar con entusiasmo sobre retomar los estudios. Siempre "comete un tomate" o "hay que tener fe en Dios", entre otras tantas cosas. Como enseñarme siempre las mismas fotos sobre su casamiento y posteriores viajes por el interior del país o sus muñecos, peluches y de plástico, cual niña de diez años que nunca vió una en su vida, por haber pertenecido a una familia pobre...
Y pensar que la última vez que la vi no podía levantarse siquiera.
Mi abuelo siempre se comportó como mi abuelo. Me hizo hincha de Independiente. Me llevaba de muy chico a todas partes, pasábamos horas en la estación de trenes de Flores mirándolos pasar y pidiéndole que viéramos sólo uno más, ante su pedido de "¿vamos?". O cuando me llevaba a la cancha para ver los últimos partidos de Bochini con la camiseta del rojo o íbamos juntos a Ferro para probarme como jugador (nunca me importó quedar, sólo me divertía). Me ayudó quinientas veces cuando necesité viajar al fin del mundo y no tenía para pagar mi viaje. Me enseñó quinientas veces su carnet de socio diablo. Me dijo que la abuela me quería mucho y que sólo quería verme superar lavida de mierda que mi viejo me dió.
La última vez que lo vi ya no tenía ganas de vivir.
Ambos ya no pueden verme lograr mis metas. Hay gente que usa "metáforas" o "creencias" para decir que ya no sufren más o que me miran desde arriba. A mí, entre lágrimas y una triste sonrisa, me gusta pensar que otra vez están juntos y que su amor de más de sesenta años podrá durar para siempre.
Mi viejo me privó de ver una última vez a mi abuela, al ocultarme que estaba internada en un sanatorio. Mi viejo me privó de ver una última vez a mi abuelo, al ocultarme que estaba internado en el mismo sanatorio que yo lo interné y que nunca fue a verlo. No es que quise despedirme, no, nunca despedirme... pero al menos quise hablar una vez más con ellos, decirles que los quería y darles las gracias por haberme querido tanto. Ahora ya no puedo hacerlo, mi viejo arruinó todo, como todo lo que tocó en su miserable vida. Sé que no debo ponerme a su altura y ser rencoroso, todo lo que ha hecho lo pagará estando vivo pero de algo estoy más que seguro: algún día nos cruzaremos, algún día me lo voy a encontrar y será en ese momento cuando le haré pagar el haberme dejado el solo recuerdo de sus rostros enmudecidos en vida por la misma muerte.
Gabriel
jueves, 24 de julio de 2008
Un Giro Radical
.
Y si, creo que ya me tocaba, ¿no?
Hace años que me quejo por problemas menores. La separación con Fer, la ida de mi casa, el viaje frustrado a Miramar, los laburos que no funcionaron... Chan... "menores"...
Mi vida es un circo, mi familia es un circo, mejor expresado. Claro que mi medidor de cambios es muy exigente, prácticamente tengo que salvar al mundo para ser un héroe y no al gatito que se dió cuenta de que sufría vértigo pero después de treparse a aquel árbol. Muy exigente. Me han pasado, en los últimos seis años, muchísimas cosas que fueron forjando mi carácter y de hecho, terminaron por sacarme de la burbuja. Todas esas cosas fueron importantes, claro que sí, pero he estado esperando hasta el día de hoy el momento en el que mi vida dé un giro radical, tal vez no por el bien de mi ser interior, sí por el ser a mi alrededor... el mundo que me rodea a diario. Mi vida ha sido un tanto común, me han faltado tantas cosas y el resto las he conseguido. No he tenido grandes metas, por ende, no he vivido grandes éxitos, pero sí he conseguido todo aquello pequeño que sólo unos pocos saben para qué sirven...
... para ser feliz.
Y claro, he sido feliz por ratos largos que han durado poco. He llorado más de lo que una mujer quisiera ver en un hombre. No me he puesto de rodillas pero me he sentido patético. He dado todo de mí en cada mañana y en cada despedida. He reído de todo el dinero que me he gastado, hasta puesto nervioso por haber conseguido algo y haberlo disfrutado a la vez que sentido miedo a perderlo. Me han pasado tantas cosas que se me fueron cayendo del montón que llevo entre mis brazos. A la mayoría las recuerdo. Al resto, saludos.
Pero al día de hoy, como si fuera a cambiar de trabajo o de colegio. Como si fuera a saltar al vacío sin saber lo profundo del hoyo. Sin la consciencia suficiente para aferrarme a lo viejo y conocido, sin caradurez para todo aquello de lo que me podría aprovechar. Así me siento hoy, al saber que mi vida dará un giro radical, que deberán acabarse los malos vueltos y el boludeo. Es hora de comenzar. De verdad. Y más allá de que todo siga dando vueltas en mi cabeza, sé que todo resultará bien. Siempre salgo bien, a pesar de mi extraña, pero muy extraña suerte.
Ah... lo olvidé, qué paja me da igual...
Gabriel
Y si, creo que ya me tocaba, ¿no?
Hace años que me quejo por problemas menores. La separación con Fer, la ida de mi casa, el viaje frustrado a Miramar, los laburos que no funcionaron... Chan... "menores"...
Mi vida es un circo, mi familia es un circo, mejor expresado. Claro que mi medidor de cambios es muy exigente, prácticamente tengo que salvar al mundo para ser un héroe y no al gatito que se dió cuenta de que sufría vértigo pero después de treparse a aquel árbol. Muy exigente. Me han pasado, en los últimos seis años, muchísimas cosas que fueron forjando mi carácter y de hecho, terminaron por sacarme de la burbuja. Todas esas cosas fueron importantes, claro que sí, pero he estado esperando hasta el día de hoy el momento en el que mi vida dé un giro radical, tal vez no por el bien de mi ser interior, sí por el ser a mi alrededor... el mundo que me rodea a diario. Mi vida ha sido un tanto común, me han faltado tantas cosas y el resto las he conseguido. No he tenido grandes metas, por ende, no he vivido grandes éxitos, pero sí he conseguido todo aquello pequeño que sólo unos pocos saben para qué sirven...
... para ser feliz.
Y claro, he sido feliz por ratos largos que han durado poco. He llorado más de lo que una mujer quisiera ver en un hombre. No me he puesto de rodillas pero me he sentido patético. He dado todo de mí en cada mañana y en cada despedida. He reído de todo el dinero que me he gastado, hasta puesto nervioso por haber conseguido algo y haberlo disfrutado a la vez que sentido miedo a perderlo. Me han pasado tantas cosas que se me fueron cayendo del montón que llevo entre mis brazos. A la mayoría las recuerdo. Al resto, saludos.
Pero al día de hoy, como si fuera a cambiar de trabajo o de colegio. Como si fuera a saltar al vacío sin saber lo profundo del hoyo. Sin la consciencia suficiente para aferrarme a lo viejo y conocido, sin caradurez para todo aquello de lo que me podría aprovechar. Así me siento hoy, al saber que mi vida dará un giro radical, que deberán acabarse los malos vueltos y el boludeo. Es hora de comenzar. De verdad. Y más allá de que todo siga dando vueltas en mi cabeza, sé que todo resultará bien. Siempre salgo bien, a pesar de mi extraña, pero muy extraña suerte.
Ah... lo olvidé, qué paja me da igual...
Gabriel
viernes, 27 de junio de 2008
No me des a elegir
.
Es un karma cada vez que tengo que conseguir trabajo.
Si hago un balance de mi vida desde que entré a trabajar en la ferretería donde trabajaba mi abuelo, puedo decir que ocupé el 70% desde ahí hasta el día de hoy en trabajo. El resto fue tiempo en espera. Ha resultado un ida y vuelta, a grandes rasgos nunca he ganado mucho haciéndolo, por el simple hecho de que sólo me importaba ocupar mi tiempo ganando algo de dinero para mantener las boludeces que mi familia nunca me pudo dar. Y sí, nací en cuna de oro pero me tuve que arremangar igual y salir a trabajar. Se puede decir que no he tenido mucha suerte, he tenido más de diez laburos y la mayoría cerraron por falta de clientela, dejándome en la calle. El resto, garcas que banqué el mayor tiempo posible y a los que les he devuelto el favor de cagarme.
¿Qué sudece hoy? Una sola cosa: de pronto todos expresan su opinión. No he estado buscando trabajo de manera intensiva, de hecho he colgado mucho. Admito, antes de decir algo que ofenda, que entiendo a todos y sé que tienen razón, que en el fondo es por mi bien y que nadie puede mantenerme. No me lo digan todos una segunda vez, junto diez y son veinte reproches. Sé que tengo 28 años, ME PESAN, no me siento orgulloso de tenerlos, pero a veces quiero irme a la mierda y simplemente no darle cargas a nadie. Me deprime que me insistan, aunque sea en pequeña medida (1+1+18=20 repito). Además, estoy estudiando y de pronto, queda relegado en segundo lugar. Para mi es un enorme logro haber sacado adelante unas ganas que hace tiempo estaban enterradas por el trabajo, SIEMPRE PERO SIEMPRE RELEGUE EL ESTUDIO POR TRABAJAR y porque ahora me doy cuenta de lo estúpido que fui al pensar que era más importante tener unos mangos en el bolsillo que abrir más mi cabeza a futuro...
Sé que lo dicen por mi bien (a excepción de mi viejo, que me dice que tengo que laburar y él vive hace tiempo mantenido por mis abuelos, perdón, mi abuelo porque a mi abuela la terminó matando a malasangres) pero a veces hay que detenerse a ver cómo se dicen las cosas... Me hace mal que desestimen el estudio porque ya me da bastante vergüenza tener que terminar el secundario a los 28 años. No me siento bien conmigo mismo y sumado al hecho de que no estoy bien mentalmente, completamente ciclotímico y sensible, o sea, un pelotudo, todo se va al tacho enseguida.
Por eso es que tengo ganas de arreglármelas solo.
Saben, yo tengo una manera diferente de decir las cosas. En muchas tiro palos de los que no doy cuenta, pero cuando tengo que pedir algo, al menos guiño el ojo.
Eso es un comienzo.
Maldito mundo globalizado.
Gabriel
Es un karma cada vez que tengo que conseguir trabajo.
Si hago un balance de mi vida desde que entré a trabajar en la ferretería donde trabajaba mi abuelo, puedo decir que ocupé el 70% desde ahí hasta el día de hoy en trabajo. El resto fue tiempo en espera. Ha resultado un ida y vuelta, a grandes rasgos nunca he ganado mucho haciéndolo, por el simple hecho de que sólo me importaba ocupar mi tiempo ganando algo de dinero para mantener las boludeces que mi familia nunca me pudo dar. Y sí, nací en cuna de oro pero me tuve que arremangar igual y salir a trabajar. Se puede decir que no he tenido mucha suerte, he tenido más de diez laburos y la mayoría cerraron por falta de clientela, dejándome en la calle. El resto, garcas que banqué el mayor tiempo posible y a los que les he devuelto el favor de cagarme.
¿Qué sudece hoy? Una sola cosa: de pronto todos expresan su opinión. No he estado buscando trabajo de manera intensiva, de hecho he colgado mucho. Admito, antes de decir algo que ofenda, que entiendo a todos y sé que tienen razón, que en el fondo es por mi bien y que nadie puede mantenerme. No me lo digan todos una segunda vez, junto diez y son veinte reproches. Sé que tengo 28 años, ME PESAN, no me siento orgulloso de tenerlos, pero a veces quiero irme a la mierda y simplemente no darle cargas a nadie. Me deprime que me insistan, aunque sea en pequeña medida (1+1+18=20 repito). Además, estoy estudiando y de pronto, queda relegado en segundo lugar. Para mi es un enorme logro haber sacado adelante unas ganas que hace tiempo estaban enterradas por el trabajo, SIEMPRE PERO SIEMPRE RELEGUE EL ESTUDIO POR TRABAJAR y porque ahora me doy cuenta de lo estúpido que fui al pensar que era más importante tener unos mangos en el bolsillo que abrir más mi cabeza a futuro...
Sé que lo dicen por mi bien (a excepción de mi viejo, que me dice que tengo que laburar y él vive hace tiempo mantenido por mis abuelos, perdón, mi abuelo porque a mi abuela la terminó matando a malasangres) pero a veces hay que detenerse a ver cómo se dicen las cosas... Me hace mal que desestimen el estudio porque ya me da bastante vergüenza tener que terminar el secundario a los 28 años. No me siento bien conmigo mismo y sumado al hecho de que no estoy bien mentalmente, completamente ciclotímico y sensible, o sea, un pelotudo, todo se va al tacho enseguida.
Por eso es que tengo ganas de arreglármelas solo.
Saben, yo tengo una manera diferente de decir las cosas. En muchas tiro palos de los que no doy cuenta, pero cuando tengo que pedir algo, al menos guiño el ojo.
Eso es un comienzo.
Maldito mundo globalizado.
Gabriel
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