.
"Claro, ya nadie se queda haciéndole el aguante al enfermo fatalista."
Jaja, creí que nunca pensaría esa frase.
Es bien cierto que la gente no quiere gente negativa a su alrededor, pero tampoco quiere arremangarse y sacar a la gente del fango.
Mucha gente.
Últimamente, entiendo que la gente (este post se volvió redundante) critica cuando quiere mirarse a sí misma, que mira el paisaje porque detrás estalla una bomba nuclear o alguien se desangra. Entiendo que a veces, necesitás una cama pero no vas a pagar la estadía con una invitación a almorzar, sino con verdadera amistad. Yo estoy loco, eso no te lo niego, pero dejame ser barrial y decirte que te vayas bien a la mierkjalsdfjldskfjsdlkfjdsjljkdlsaf.
¡NO LO TOQUES!
Tiene lepra.
Pido disculpas, mis dedos resbalaron.
Las amistades creen a veces que tienen la razón y, normalmente, depende del estado del ego. El problema se genera cuando existe alguien que sabe cómo trabajar en equipo y el resto no. Por otra parte, no recuerdo la última vez que vi a alguien que fuera tan copado.
Decía, es natural creer que aún necesito ese cambio de pilas y luego, de estación, porque voy llegando a los cuarenta sin tener motivos para vivir. Aclaro, para todos los fatalistas que no van a salir corriendo: existe hoy en día quien no cree en vivir y simplemente encuentra un lindo rincón, se tira a mirar televisión y así vive, trabajando si se debe, durmiendo si se puede. Nada de amores, nada de libros, nada de fiestas, una repetición del historial en youtube si te agarra la melancolía y luego, a la cama, que mañana empieza un nuevo rincón.
Ahora que recuerdo, también me tuve que fumar esta semana al careta de acá la vuelta, que casi saludo al cruzármelo de frente y me di cuenta de que la piel empieza a arrugarse.
Otro más para la colección.
Soy yo, piensan los hombres y como soy tal, lo pienso. Y soy Laroca, que es como segundo plato. Y vivo en un rincón, que es literalmente el postre.
Pfff... apestan mis metáforas.
A veces, mientras escribo, nublo la vista y la combinación de letras en negro sobre el blanco dibujan escalones.
Me pregunto a dónde llevan.
G
domingo, 17 de marzo de 2019
miércoles, 6 de marzo de 2019
Altura psicológica
.
Cuando voy por la calle y una idea estúpida me hace sonreír, me siento pequeño, delante de los demás. Claro que, cuando paso al lado de ellos, recupero la altura psicológica. Y luego esquivás una mujer que acaba de salir de un edificio y se para en tu camino, ajena al movimiento perpendicular de la acera. El zig zag no termina con ella, sino que se intensifica en el siguiente encuentro, cuando esquivás dos amigos, charlando del lado opuesto, obligándote a trazar esa S que se dibuja en tu mente y echa unas cuantas maldiciones, en el fondo del cajón.
Es divertido definir mi paso por este mundo, con un solo párrafo.
Y a veces, tengo esos días en los cuales no me encuentro en mis cabales como para realizar un post, aunque no sea excusa. La idea sería estar fresco, echarme una revolcada entre letras y palabras, para luego prenderme un cigarrillo y olvidarme el nombre del post.
Bueno, es un tanto figurativo y exagerado.
Al menos, dejé claro mi punto.
Además, "revolcar" no es una palabra que acostumbro a usar y últimamente, procuro elegirlas con mucho cuidado, ya que cada oración requiere el punto exacto de énfasis. Incluso los puntos suspensivos dejaron de tener pase libre en mi mundo, ahora tienen que realizar un control de alcoholemia y volver a casa antes de las doce.
¿Tengo objetivo con éste post? A estas alturas, ya no lo creo. Hoy es uno de esos días en los que me levanto tranquilo y las anomalías de mi trabajo me atraen hacia el agujero negro, definiendo lo que sienta el resto de la tarde. Ahora que lo pienso, una buena revolcada es lo que necesito, cuando la realidad tiene envidia de mis días tranquilos. Consultaría mi guía de teléfonos pero, tú sabes... no tengo libretita... cof cof.
Ahora que lo pienso, la gente que escucha reggaetón es como la misma que te predica religión sin que se los pidas. La ponen a todo lo que da, sin darse cuenta de que es el bombo lo que les atrae más, así como la idea de perdurar en ésta vida, pasando a la siguiente...
Jaja, si, como existiera una siguiente.
Mejor preguntémosle a la manzana que se pudrió.
Algún día hablaré de mis mayores temores. Por lo pronto, seguiré observando al mundo con mi toque gabrieliano, ya que todo se define desde mi altura psicológica, quizá la etiqueta más paquetona y estúpida que mi autoestima jamás haya creado.
G
Cuando voy por la calle y una idea estúpida me hace sonreír, me siento pequeño, delante de los demás. Claro que, cuando paso al lado de ellos, recupero la altura psicológica. Y luego esquivás una mujer que acaba de salir de un edificio y se para en tu camino, ajena al movimiento perpendicular de la acera. El zig zag no termina con ella, sino que se intensifica en el siguiente encuentro, cuando esquivás dos amigos, charlando del lado opuesto, obligándote a trazar esa S que se dibuja en tu mente y echa unas cuantas maldiciones, en el fondo del cajón.
Es divertido definir mi paso por este mundo, con un solo párrafo.
Y a veces, tengo esos días en los cuales no me encuentro en mis cabales como para realizar un post, aunque no sea excusa. La idea sería estar fresco, echarme una revolcada entre letras y palabras, para luego prenderme un cigarrillo y olvidarme el nombre del post.
Bueno, es un tanto figurativo y exagerado.
Al menos, dejé claro mi punto.
Además, "revolcar" no es una palabra que acostumbro a usar y últimamente, procuro elegirlas con mucho cuidado, ya que cada oración requiere el punto exacto de énfasis. Incluso los puntos suspensivos dejaron de tener pase libre en mi mundo, ahora tienen que realizar un control de alcoholemia y volver a casa antes de las doce.
¿Tengo objetivo con éste post? A estas alturas, ya no lo creo. Hoy es uno de esos días en los que me levanto tranquilo y las anomalías de mi trabajo me atraen hacia el agujero negro, definiendo lo que sienta el resto de la tarde. Ahora que lo pienso, una buena revolcada es lo que necesito, cuando la realidad tiene envidia de mis días tranquilos. Consultaría mi guía de teléfonos pero, tú sabes... no tengo libretita... cof cof.
Ahora que lo pienso, la gente que escucha reggaetón es como la misma que te predica religión sin que se los pidas. La ponen a todo lo que da, sin darse cuenta de que es el bombo lo que les atrae más, así como la idea de perdurar en ésta vida, pasando a la siguiente...
Jaja, si, como existiera una siguiente.
Mejor preguntémosle a la manzana que se pudrió.
Algún día hablaré de mis mayores temores. Por lo pronto, seguiré observando al mundo con mi toque gabrieliano, ya que todo se define desde mi altura psicológica, quizá la etiqueta más paquetona y estúpida que mi autoestima jamás haya creado.
G
viernes, 1 de febrero de 2019
Práctica irrelevante
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Existen frases que me han dicho, de manera directa o indirecta, de las cuales jamás he dado paso al olvido. Simplemente quedaron ahí, entre el silencio y una buena canción de The Pillows, listas para ser miradas de reojo, sin siquiera haberse quitado el saco. A veces, me pongo redundante y les pido que repitan una vez más lo grabado. Y les digo, me gusta recordar ciertas frases claves, incluso las que me cayeron mal o me desearon el mal del mundo entero.
En este momento, me viene a la cabeza "te vas a hundir sólo en tu soledad". Algo así, ya no defiendo las redundancias ajenas.
Aunque es irrelevante, al final, porque el juzgar a alguien más que uno no tiene verdadero significado, sólo el ser una extensión del brazo de dicha emoción; un "impulso", para los amigos. Irrelevante, porque cuando elevás cada acción a la pizarra, el color de la tiza es elegido por un ser humano.
Thank you
my twilight.
Y esa es la verdad.
Otra verdad es que no explayarme demasiado sobre el asunto, va demasiado claro el mensaje. Simplemente creo que, al final, todo se parece, todo se repite y nada vale la pena, al menos en cuanto a inversión emocional. No es que no quiera invertir, de alguna manera hay que vivir, sólo que... no se, llegué a un punto en el que "prueba y error" me da más disgustos que placeres.
Y para placer, no necesito ponerte un nombre.
Thank
you
my twilight.
G
Existen frases que me han dicho, de manera directa o indirecta, de las cuales jamás he dado paso al olvido. Simplemente quedaron ahí, entre el silencio y una buena canción de The Pillows, listas para ser miradas de reojo, sin siquiera haberse quitado el saco. A veces, me pongo redundante y les pido que repitan una vez más lo grabado. Y les digo, me gusta recordar ciertas frases claves, incluso las que me cayeron mal o me desearon el mal del mundo entero.
En este momento, me viene a la cabeza "te vas a hundir sólo en tu soledad". Algo así, ya no defiendo las redundancias ajenas.
Aunque es irrelevante, al final, porque el juzgar a alguien más que uno no tiene verdadero significado, sólo el ser una extensión del brazo de dicha emoción; un "impulso", para los amigos. Irrelevante, porque cuando elevás cada acción a la pizarra, el color de la tiza es elegido por un ser humano.
Thank you
my twilight.
Y esa es la verdad.
Otra verdad es que no explayarme demasiado sobre el asunto, va demasiado claro el mensaje. Simplemente creo que, al final, todo se parece, todo se repite y nada vale la pena, al menos en cuanto a inversión emocional. No es que no quiera invertir, de alguna manera hay que vivir, sólo que... no se, llegué a un punto en el que "prueba y error" me da más disgustos que placeres.
Y para placer, no necesito ponerte un nombre.
Thank
you
my twilight.
G
viernes, 25 de enero de 2019
Anhelo de saltar
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Trilogía: parte tres.
Últimamente, tengo en mi cabeza la frase "chupame un huevo" y es lo que le contestaría a mucha gente. Bueno, a unos cuantos ya lo hice, pero existen otros/as a los que les debo una buena puteada.
No, no quiero empezar el blog así, aunque siempre acudí a la honestidad. A muchos no les va a gustar lo que tengo para decir, de la manera en la que voy a hacerlo o si envuelvo demasiado sentimiento en el medio, pero jamás voy a ser careta, jamás voy a terminar esa última afirmación con puntos suspensivos. En contrapartida, tengo el mundo de la mesa redonda a tus pies, puedo ser el resto de los monos que no se saltan los modales, puedo defenderte y enseñarte a hacerlo, cocinar para todos o hacer chistes mientras muero a retorcijones.
Pará un toque.
¿Por qué decido apagarme tanto? ¿Qué me hizo la vida para esconder lo negar de mí? El otro día hablaba con alguien que hacía tiempo no veía y notaba la ventaja de vivir apagado, lejos de problemas mundanos. La vida es constante prueba y error, no lo niego y aún así, nada enciende el motor. La llave está en mi, bla bla bla, eso lo sé, viví algo, probé de todo un poco. Pero sin una real motivación, no sé.
Quisiera tener una razón para cambiar ése último punto por una coma.
Tal vez esté demasiado en mi cabeza, tal vez me deje absorber demasiado por las faltas de los demás. Estuve toda la vida solo como para no seguir jugando en equipo. Demasiadas trabas, demasiados malos pasos, tal vez no tenga una buena manera de ser y sea un careta, sin darme cuenta. Tal vez me engañe, constantemente, en vez de ser un líder nato y volver a permitir que todos se arrimen a la mesa, esperando a que diga la siguiente oración.
Pero, a medida que pasan los años, veo más y más soledad. Es inevitable.
En el fondo, no importa lo poco que hagan los demás, sino que soy incapaz de ignorarlo y volver algo bueno de ello.
Tengo que saltar, otra vez.
Tengo que saltar.
G
Trilogía: parte tres.
Últimamente, tengo en mi cabeza la frase "chupame un huevo" y es lo que le contestaría a mucha gente. Bueno, a unos cuantos ya lo hice, pero existen otros/as a los que les debo una buena puteada.
No, no quiero empezar el blog así, aunque siempre acudí a la honestidad. A muchos no les va a gustar lo que tengo para decir, de la manera en la que voy a hacerlo o si envuelvo demasiado sentimiento en el medio, pero jamás voy a ser careta, jamás voy a terminar esa última afirmación con puntos suspensivos. En contrapartida, tengo el mundo de la mesa redonda a tus pies, puedo ser el resto de los monos que no se saltan los modales, puedo defenderte y enseñarte a hacerlo, cocinar para todos o hacer chistes mientras muero a retorcijones.
Pará un toque.
¿Por qué decido apagarme tanto? ¿Qué me hizo la vida para esconder lo negar de mí? El otro día hablaba con alguien que hacía tiempo no veía y notaba la ventaja de vivir apagado, lejos de problemas mundanos. La vida es constante prueba y error, no lo niego y aún así, nada enciende el motor. La llave está en mi, bla bla bla, eso lo sé, viví algo, probé de todo un poco. Pero sin una real motivación, no sé.
Quisiera tener una razón para cambiar ése último punto por una coma.
Tal vez esté demasiado en mi cabeza, tal vez me deje absorber demasiado por las faltas de los demás. Estuve toda la vida solo como para no seguir jugando en equipo. Demasiadas trabas, demasiados malos pasos, tal vez no tenga una buena manera de ser y sea un careta, sin darme cuenta. Tal vez me engañe, constantemente, en vez de ser un líder nato y volver a permitir que todos se arrimen a la mesa, esperando a que diga la siguiente oración.
Pero, a medida que pasan los años, veo más y más soledad. Es inevitable.
En el fondo, no importa lo poco que hagan los demás, sino que soy incapaz de ignorarlo y volver algo bueno de ello.
Tengo que saltar, otra vez.
Tengo que saltar.
G
lunes, 7 de enero de 2019
Colectivos de palabra
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Trilogía: parte dos.
A veces quisiera cerrar mi cabeza y ponerle pausa a todas esas teorías que vienen comprobándose últimamente, sin parar. La lógica tiene sus ventajas, pero su defecto más grande es que carece de sentimientos, de "roce", te escupe la verdad como la necesitás pero sin contemplar que tal vez, ese mismo día, falleció alguien importante.
Como ejemplo.
Digo esto porque mi visión del mundo se ha vuelto más caótica, en éstos últimos años y no por negatividad, sino como consecuencia al encontrarle una vuelta a la vida y mi papel en ella. Al final, me di cuenta de que no soy más que un muñequito de papel, caminando entre rocas, temiéndole al tsunami de influencias que azotan las orillas. Y a veces creo que no tengo la capacidad para soportar tanta lógica, en consecuencia, tantos cambios, que toda mi vida voy a ser un muñequito de papel, todo garabateado y con manchas de café. No puedo evitar creer que la vida es únicamente para vivirla, que no existe trascendencia si tus alrededores no quieren respirar la tuya, porque siempre nace el egoísmo antes que tu nombre y si alguien no da algo por vos, para qué abandonar tus propias venas.
No se qué digo o no quiero afrontar las consecuencias de lo que digo, porque no le temo a los enemigos, pero si al olvido, no tener al comienzo del día un árbol que me de sombra, una rosa que me clave una espina. He dicho demasiado.
Por eso me sumerjo en los juegos, porque es el único lugr donde termino jugando en equipo.
Y empezar el año solo no me molesta, sí el hecho de saber que existen personas que se toman colectivos de palabra.
G
Trilogía: parte dos.
A veces quisiera cerrar mi cabeza y ponerle pausa a todas esas teorías que vienen comprobándose últimamente, sin parar. La lógica tiene sus ventajas, pero su defecto más grande es que carece de sentimientos, de "roce", te escupe la verdad como la necesitás pero sin contemplar que tal vez, ese mismo día, falleció alguien importante.
Como ejemplo.
Digo esto porque mi visión del mundo se ha vuelto más caótica, en éstos últimos años y no por negatividad, sino como consecuencia al encontrarle una vuelta a la vida y mi papel en ella. Al final, me di cuenta de que no soy más que un muñequito de papel, caminando entre rocas, temiéndole al tsunami de influencias que azotan las orillas. Y a veces creo que no tengo la capacidad para soportar tanta lógica, en consecuencia, tantos cambios, que toda mi vida voy a ser un muñequito de papel, todo garabateado y con manchas de café. No puedo evitar creer que la vida es únicamente para vivirla, que no existe trascendencia si tus alrededores no quieren respirar la tuya, porque siempre nace el egoísmo antes que tu nombre y si alguien no da algo por vos, para qué abandonar tus propias venas.
No se qué digo o no quiero afrontar las consecuencias de lo que digo, porque no le temo a los enemigos, pero si al olvido, no tener al comienzo del día un árbol que me de sombra, una rosa que me clave una espina. He dicho demasiado.
Por eso me sumerjo en los juegos, porque es el único lugr donde termino jugando en equipo.
Y empezar el año solo no me molesta, sí el hecho de saber que existen personas que se toman colectivos de palabra.
G
domingo, 30 de diciembre de 2018
Ojos vidriosos
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Trilogía: parte uno.
¿A quién le importa leer la primera parte de una opinión solitaria sobre las fiestas? El cerebro se me está apagando antes de empezar, les advierto y no sé si es peor que soltar la lengua... dejar que los impecables azulejos se pueblen de equis, marcadas violentamente con polvo de ladrillo.
Sep, ¿a quién le importa la alegoría?
Lo más triste, es que te acostumbrás a recibir opiniones con ojos vidriosos sobre este blog, tanto que le pierdo el gusto a seguir escribiendo en él. Claro, esa es mi parte humana, la que se pinta la mejilla con aceite de pescado y le grita al mundo "¡MÍRENME! ¡MÍRENME!" Es natural ser uno más del montón, que busca atención, una simple opinión que no me haga sentir solo en el mundo pero, ah... estamos solos, ya sea por decisión propia o diferencia de gustos con terceros.
El punto es, que llegan las fiestas y mi único deseo es pasarlas a mi manera, tranquilo. Pero con las manos atadas, económicamente hablando, no puedo tomar decisión alguna sin que genere un terremoto al otro lado del hemisferio. Y la verdad es que estoy cansado de vivir amistades teóricas, siempre dije que la vida representa los hechos y no las ensaladas que preparan nuestras palabras. ¿Querés preocuparte por alguien? Preocupate a su lado, no a través de un teléfono. ¿Querés saber cómo está? Tocale timbre, demostrale que tu amistad vale un viaje.
Al final, siempre resulta verdad lo fútil que es discutir contra hijos únicos.
¿Qué? ¿Que hable de cómo fueron mis fiestas? Bah, como si les encantara leer la detallada descripción del reggaetón que sonó de fondo, cómo todos metieron la cabeza en sus celulares, tomando cerveza barata, comiéndose todo antes de que mismo el cocinero se siente a la mesa.
¿Pa' qué?
Al fin y al cabo, mis amigos han sido más familia que la propia de sangre, donde a éstas alturas siento que no somos más que un zoo.
Por eso duele ver que tu familia haga lo mismo que tu familia.
Estoy seco de emociones.
G
Trilogía: parte uno.
¿A quién le importa leer la primera parte de una opinión solitaria sobre las fiestas? El cerebro se me está apagando antes de empezar, les advierto y no sé si es peor que soltar la lengua... dejar que los impecables azulejos se pueblen de equis, marcadas violentamente con polvo de ladrillo.
Sep, ¿a quién le importa la alegoría?
Lo más triste, es que te acostumbrás a recibir opiniones con ojos vidriosos sobre este blog, tanto que le pierdo el gusto a seguir escribiendo en él. Claro, esa es mi parte humana, la que se pinta la mejilla con aceite de pescado y le grita al mundo "¡MÍRENME! ¡MÍRENME!" Es natural ser uno más del montón, que busca atención, una simple opinión que no me haga sentir solo en el mundo pero, ah... estamos solos, ya sea por decisión propia o diferencia de gustos con terceros.
El punto es, que llegan las fiestas y mi único deseo es pasarlas a mi manera, tranquilo. Pero con las manos atadas, económicamente hablando, no puedo tomar decisión alguna sin que genere un terremoto al otro lado del hemisferio. Y la verdad es que estoy cansado de vivir amistades teóricas, siempre dije que la vida representa los hechos y no las ensaladas que preparan nuestras palabras. ¿Querés preocuparte por alguien? Preocupate a su lado, no a través de un teléfono. ¿Querés saber cómo está? Tocale timbre, demostrale que tu amistad vale un viaje.
Al final, siempre resulta verdad lo fútil que es discutir contra hijos únicos.
¿Qué? ¿Que hable de cómo fueron mis fiestas? Bah, como si les encantara leer la detallada descripción del reggaetón que sonó de fondo, cómo todos metieron la cabeza en sus celulares, tomando cerveza barata, comiéndose todo antes de que mismo el cocinero se siente a la mesa.
¿Pa' qué?
Al fin y al cabo, mis amigos han sido más familia que la propia de sangre, donde a éstas alturas siento que no somos más que un zoo.
Por eso duele ver que tu familia haga lo mismo que tu familia.
Estoy seco de emociones.
G
jueves, 29 de noviembre de 2018
Familia devaluada
.
Te cambio la página de compras por este blog.
Hay veces en las que me pongo mal y simplemente dejo salir el mambo, descargo a solas pero razonando el bajón, repitiéndome una y otra vez que es la manera correcta, que necesito vaciarme de energía negativa y todas esas mierdas reales.
Perdón blog, el diccionario fue inventado por alguna razón.
Ser hijo mayor es una de las peores cosas que te pueda pasar. Por lo general, las expectativas van depositadas 100% en vos, todos los palazos y las presiones van con rigor, los castigos son tremendamente severos y nadie está ahí para explicarte que en realidad, las marcas moradas en tu cuerpo son descargas emocionales de tus padres, que no logran llevarse bien entre sí. Claro que, con el pasar de los años, es algo que lográs razonar e ignorar, al seguir con tu vida.
Pero... de vez en cuando, la familia del viejo mundo se te pega y llega el momento de interactuar nuevamente, de crear esa dependencia innecesaria, porque tus viejos son iguales a cualquier otra persona, seres humanos que te trajeron al mundo y con los que no tuviste elección al formar un vínculo, aunque te duela, literalmente, lo que hagan para "ayudarte".
A veces, cuando digo una blasfemia, tengo ganas de encojerme de hombros.
El punto es, que las relaciones familiares se suponen que funcionan, hasta que no. No nos olvidemos que somos seres egoístas y que no nos gusta que nos nieguen ideas. Yo no busco aprobación, tal vez un favor que me sirva de regalo de cumpleaños. Y este año algo hice mal, porque ni torta de cumpleaños tuve, ni de mi familia. Lo gracioso es, que durante años me sangró el cfjlsdjkfsdklajfjlaksdfjasdlkfjkljasdjkfjklsdfjksdjkfsdlkfjaslkdfjsldkfjsldkjfsdlkjsjkl por la familia y de repente, toca la puerta y entra un pelotudo con remordimientos a cagarme a trompadas, porque le hizo caso a un falso rumor. Cuando me pongo a pensar, más me veo como mártir, pero no uno de esos que van camino a ser admirados, sino como el "estúpilotudo" que no logró algo con su sacrificio, sino que eligió el peor momento para hacerlo.
I'M FINE, I SWEAR.
Ponele.
Por eso, cuando me vienen con palabras dulces, no me las creo. Yo no dejé de creer en las cosas buenas de la vida, pero sí estoy seguro de que estamos rodeados de giles, que no saben apreciar tus virtudes. Por ende, pienso en la mayoría de las personas, familia incluida, como ceros y unos, como borradores a punto de, aristas de filósofos que nadie conoce.
Hace rato que dejé de creerle a la religión.
A la religión como hombre.
Mi persona vale más que cualquier otra, respirando.
G
Te cambio la página de compras por este blog.
Hay veces en las que me pongo mal y simplemente dejo salir el mambo, descargo a solas pero razonando el bajón, repitiéndome una y otra vez que es la manera correcta, que necesito vaciarme de energía negativa y todas esas mierdas reales.
Perdón blog, el diccionario fue inventado por alguna razón.
Ser hijo mayor es una de las peores cosas que te pueda pasar. Por lo general, las expectativas van depositadas 100% en vos, todos los palazos y las presiones van con rigor, los castigos son tremendamente severos y nadie está ahí para explicarte que en realidad, las marcas moradas en tu cuerpo son descargas emocionales de tus padres, que no logran llevarse bien entre sí. Claro que, con el pasar de los años, es algo que lográs razonar e ignorar, al seguir con tu vida.
Pero... de vez en cuando, la familia del viejo mundo se te pega y llega el momento de interactuar nuevamente, de crear esa dependencia innecesaria, porque tus viejos son iguales a cualquier otra persona, seres humanos que te trajeron al mundo y con los que no tuviste elección al formar un vínculo, aunque te duela, literalmente, lo que hagan para "ayudarte".
A veces, cuando digo una blasfemia, tengo ganas de encojerme de hombros.
El punto es, que las relaciones familiares se suponen que funcionan, hasta que no. No nos olvidemos que somos seres egoístas y que no nos gusta que nos nieguen ideas. Yo no busco aprobación, tal vez un favor que me sirva de regalo de cumpleaños. Y este año algo hice mal, porque ni torta de cumpleaños tuve, ni de mi familia. Lo gracioso es, que durante años me sangró el cfjlsdjkfsdklajfjlaksdfjasdlkfjkljasdjkfjklsdfjksdjkfsdlkfjaslkdfjsldkfjsldkjfsdlkjsjkl por la familia y de repente, toca la puerta y entra un pelotudo con remordimientos a cagarme a trompadas, porque le hizo caso a un falso rumor. Cuando me pongo a pensar, más me veo como mártir, pero no uno de esos que van camino a ser admirados, sino como el "estúpilotudo" que no logró algo con su sacrificio, sino que eligió el peor momento para hacerlo.
I'M FINE, I SWEAR.
Ponele.
Por eso, cuando me vienen con palabras dulces, no me las creo. Yo no dejé de creer en las cosas buenas de la vida, pero sí estoy seguro de que estamos rodeados de giles, que no saben apreciar tus virtudes. Por ende, pienso en la mayoría de las personas, familia incluida, como ceros y unos, como borradores a punto de, aristas de filósofos que nadie conoce.
Hace rato que dejé de creerle a la religión.
A la religión como hombre.
Mi persona vale más que cualquier otra, respirando.
G
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