.
"Pero si antes era todo perfecto..."
¡ZÁS!
Llegaste al centro de la imperfección primitiva.
¿Quién nace para ser infeliz?
La respuesta es obvia: NADIE. Y es por eso que buscamos constantemente generar buenos momentos con otras personas o prescindir de los switches que activan los malos ratos que intercambiamos con ellas. Obviamos detalles molestos, pequeñas mentiras, palabras que pican, actitudes fuera de lugar, diferencias de opinión, etcéteras que nos dejan con la palabra en la boca, peleas... Incluso, llegamos al punto de minimizar los tantos pagando con la moneda del orgullo.
Retomando la búsqueda de la felicidad: ¿acaso nacemos siendo todos iguales? Claro que no y es por esa misma diferencia de personalidades que exponemos lo mejor de nosotros mismos al interactuar frente a alguien más, sobre todo con el sexo opuesto, generando actitudes que brillan por la ensoñación que representan, el perfeccionismo que solamente aparece en sueños o en utopías. ¿Y cuando llega el mal pasar? Esa es otra historia...
De repente, no hay conexión, uno se vuelve "villano" o alguien que está de más. Compartir espacio con esa persona se vuelve intolerable, uno se vuelve intolerante, al punto de desear estar en otra parte y, por regla general, empieza a cometer estupideces. Entre ellas, el reemplazar la armonía perdida con personas nuevas, con las que podamos reinventar nuestro lado "bueno". También se da paso a los hobbies que se tornan vicio y que nos hacen olvidar que existe todo un desastre natural detrás por arreglar. Y no nos olvidemos de la falta de entendimiento, la solución que primero se descarta al fondo de cualquier cajón.
La pregunta que sigue: ¿cómo se vuelve atrás?
No se puede. Existen consecuencias que no se pueden enderezar.
Sin embargo, la mente es fuerte y está en la consciencia de cada uno el intuir que hay palabras o minúsculos rasgos de la realidad que merecen ser tratados con frialdad. Es bien cierto que en el medio del huracán no vemos ni pensamos con claridad, pero el sentimiento debería bastar. A veces, miro el presente y me preocupo porque la gente es demasiado suelta con sus sentimientos y da vuelta de página a la primera cuestión negativa... yo se que no todos estamos hechos para reparar ni poseemos la voluntad GIGANTE de perseverar ante los malos ratos...
... pero debería bastar con querer.
Para terminar con un punto neutro, creo que es mejor definir que el desafío no se plantea cuando todo va de maravilla, sino cuando las diferencias se hacen presentes y estalla el conflicto. No es de valientes ser perfecto si el juego apunta a ganar algo o alguien, sino de buena mano entender que ninguna interacción social merece terminar destruida si alcanzó el punto más alto de su apogeo. Vivir un sueño es lo mejor, pero mejor aún el sobrellevar esas interacciones cuando todo va para atrás.
No podemos vivir escapando de las diferencias. La vida representa un constante aprendizaje y más allá que provengan de los propios errores, la imperfección primitiva apunta a mejorar la manera de ser de cada uno y además... el corazón sabe cómo hacer su trabajo.
No seamos tolerantes.
Simplemente, entendamos.
Que te pongas en su lugar, eso.
G
lunes, 15 de diciembre de 2014
lunes, 1 de diciembre de 2014
Me lo dijo el silencio
.
Me duele la espalda.
Siempre que comienzo a escribir, pongo lo primero que tengo en mente.
Pero BUENO, la "gran" idea para éste post es sobre el silencio, sí... el silencio...
Y es el que el mismo ha llegado a convertirse en un gran compañero, en mi vida diaria. No lo tomes a la ligera cuando lo leas, quiero decir... como todo momento de la vida, que tiene sus virtudes y sus defectos. Bueno, justamente hablo de su parte "buena".
Comencemos por la simple afirmación de que "silencio" no implica una referencia única a la falta de ruido o de palabras. También puede representar un estado emocional por el que se vive o a la falta de sinceridad que tengas al hablar, ya que las cuerdas vocales son las que hablan pero tu cerebro es quien no tiene verdadera voz. Aún así, volvamos al primario, al que no hace ruido, al silencio posta.
Y la pregunta es: ¿existe una manera real de disfrutarlo?
Lo primero que se me viene a la mente es una persona inmersa en el estudio; algunos/as estudian con música de fondo (así como yo leo libros o escribo en éste blog mientras escucho música) y otros sin ruido, donde encuentran la concentración con facilidad. Luego pienso en esos silencios incómodos entre dos personas, de los que parecen durar eras enteras y hasta te provocan dolores irreales en el cuerpo. A veces, los silencios excluyen al ambiente natural que nos rodea y encierra todos los sonidos que el ser humano pueda crear, tanto de su garganta como del resto de sus acciones; pongamos de ejemplo a un instante en el que observamos el mar en invierno, a solas.
Voy a omitir todos aquellos que no se me vengan a la cabeza ahora mismo y rápidamente, a pegar un salto que me deje a tiro del ejemplo que me lleva a postear hoy: el silencio mental.
Rothfuss mencionó en su libro "El nombre del viento" que existe un cuarto silencio (no importan los otros tres, son comunes) y que es el silencio de la muerte. Para mí, si elijo la misma enumeración, existe un quinto y es el que une todos esos caminos que llevan a la paz interior. Bizarro y cursi, pero real; el silencio interior es una consecuencia del exilio mundano y luego, del tomar las riendas en tu propia cabeza...
Dos puntos, una explicación breve para cada uno:
- El exilio mundano no es un camino que sólo toman los solitarios y los resentidos; es una consecuencia natural del ser humano que se forma llegando a los treinta, cuando se empieza a perder contacto con gente conocida o a distanciarse de los mismos por diferencias de pensamiento o vivencias que marcan a fuego. Sin importar la medida, todos terminamos exiliándonos unos de otros y manteniendo una menor medida de sociabilidad, en comparación a nuestros años de juventud.
- Para tomar las riendas en tu propia cabeza, es necesario tomar el camino del exilio mundano y abandonar el ya vicioso arte de la repetición. No existe mejor manera de frenar los excesos mentales que la del alejamiento total de aquello que te transforma para mal. Una vez alejado y sin distracciones, solamente queda poner en orden las ideas y las emociones.
Una vez alcanzado el punto de entendimiento y orden, no necesariamente al 100%, el silencio de la paz surge y todas las aristas se muestran con claridad. Ojo, no confundamos esa claridad con objetividad, ya que nuestra vida está marcada por el juicio y la opinión, pero es a partir de ése "silencio pensativo" que podemos contemplar hechos actuales con cordura y recuerdos abiertos del pasado con frialdad, permitiéndonos finalmente realizar una crítica constructiva y tal vez, sanadora.
No todos pueden lograrlo y la probabilidad de éxito cae abruptamente si incluimos personas inmersas en la complejidad mundana o influenciadas mínimamente por sus apuestas. La vida nos lleva por caminos inesperados y, por más que la misma representa para el hume el arte de repetirse, las consecuencias jamás nos toman prevenidos. Sin embargo (repitiéndome una vez más entre las miles), el objetivo final es siempre el mismo: satisfacer a la consciencia y al autoestima, ya que ambas son las grandes deidades que mandan sobre nuestras mentes.
Entonces, el silencio.
Mi vida dista eones de ser perfecta. Pero hay silencio.
Y de los que me dejan pensar.
Sarasa.
G
Me duele la espalda.
Siempre que comienzo a escribir, pongo lo primero que tengo en mente.
Pero BUENO, la "gran" idea para éste post es sobre el silencio, sí... el silencio...
Y es el que el mismo ha llegado a convertirse en un gran compañero, en mi vida diaria. No lo tomes a la ligera cuando lo leas, quiero decir... como todo momento de la vida, que tiene sus virtudes y sus defectos. Bueno, justamente hablo de su parte "buena".
Comencemos por la simple afirmación de que "silencio" no implica una referencia única a la falta de ruido o de palabras. También puede representar un estado emocional por el que se vive o a la falta de sinceridad que tengas al hablar, ya que las cuerdas vocales son las que hablan pero tu cerebro es quien no tiene verdadera voz. Aún así, volvamos al primario, al que no hace ruido, al silencio posta.
Y la pregunta es: ¿existe una manera real de disfrutarlo?
Lo primero que se me viene a la mente es una persona inmersa en el estudio; algunos/as estudian con música de fondo (así como yo leo libros o escribo en éste blog mientras escucho música) y otros sin ruido, donde encuentran la concentración con facilidad. Luego pienso en esos silencios incómodos entre dos personas, de los que parecen durar eras enteras y hasta te provocan dolores irreales en el cuerpo. A veces, los silencios excluyen al ambiente natural que nos rodea y encierra todos los sonidos que el ser humano pueda crear, tanto de su garganta como del resto de sus acciones; pongamos de ejemplo a un instante en el que observamos el mar en invierno, a solas.
Voy a omitir todos aquellos que no se me vengan a la cabeza ahora mismo y rápidamente, a pegar un salto que me deje a tiro del ejemplo que me lleva a postear hoy: el silencio mental.
Rothfuss mencionó en su libro "El nombre del viento" que existe un cuarto silencio (no importan los otros tres, son comunes) y que es el silencio de la muerte. Para mí, si elijo la misma enumeración, existe un quinto y es el que une todos esos caminos que llevan a la paz interior. Bizarro y cursi, pero real; el silencio interior es una consecuencia del exilio mundano y luego, del tomar las riendas en tu propia cabeza...
Dos puntos, una explicación breve para cada uno:
- El exilio mundano no es un camino que sólo toman los solitarios y los resentidos; es una consecuencia natural del ser humano que se forma llegando a los treinta, cuando se empieza a perder contacto con gente conocida o a distanciarse de los mismos por diferencias de pensamiento o vivencias que marcan a fuego. Sin importar la medida, todos terminamos exiliándonos unos de otros y manteniendo una menor medida de sociabilidad, en comparación a nuestros años de juventud.
- Para tomar las riendas en tu propia cabeza, es necesario tomar el camino del exilio mundano y abandonar el ya vicioso arte de la repetición. No existe mejor manera de frenar los excesos mentales que la del alejamiento total de aquello que te transforma para mal. Una vez alejado y sin distracciones, solamente queda poner en orden las ideas y las emociones.
Una vez alcanzado el punto de entendimiento y orden, no necesariamente al 100%, el silencio de la paz surge y todas las aristas se muestran con claridad. Ojo, no confundamos esa claridad con objetividad, ya que nuestra vida está marcada por el juicio y la opinión, pero es a partir de ése "silencio pensativo" que podemos contemplar hechos actuales con cordura y recuerdos abiertos del pasado con frialdad, permitiéndonos finalmente realizar una crítica constructiva y tal vez, sanadora.
No todos pueden lograrlo y la probabilidad de éxito cae abruptamente si incluimos personas inmersas en la complejidad mundana o influenciadas mínimamente por sus apuestas. La vida nos lleva por caminos inesperados y, por más que la misma representa para el hume el arte de repetirse, las consecuencias jamás nos toman prevenidos. Sin embargo (repitiéndome una vez más entre las miles), el objetivo final es siempre el mismo: satisfacer a la consciencia y al autoestima, ya que ambas son las grandes deidades que mandan sobre nuestras mentes.
Entonces, el silencio.
Mi vida dista eones de ser perfecta. Pero hay silencio.
Y de los que me dejan pensar.
Sarasa.
G
martes, 25 de noviembre de 2014
Vicios, sinceridad e hipnosis
.
Se lee más el blog cuando no posteo o tardo en subir un nuevo tópico.
Hace no mucho, cuando aún seguía a gente en Facebook, me preocupaba mucho la cantidad de visitas que tenía en este lugar. No importaba mucho si faltaban las firmas, eran los "vistos" clavados que lograban conseguir con cada nuevo post. Pero se volvió un vicio, de los que alteraban mi humor diario y bueh... tuve que parar, tal vez no tanto con el blog, pero sí con "elfacebú": borré a casi todos mis conocidos y lo guardé para uso laboral o mesa de rol.
El alivio fue GIGANTE.
Pero, yendo a las raíces, el ser humano parece estar destinado a buscar reemplazos o a repetirse con el paso de los días, de los años y de las reencarnaciones... Imaginemos por un instante que perdemos algo de valor inestimable, como una pareja de años o a un familiar: el primer consejo que uno recibe, tanto de ajenos como de propios, es el de ocupar la mente en otras cosas, como el trabajo, el estudio o el hobby que se tenga. Dicho de una manera directa... reemplazar. Y reemplazamos. O nos ahogamos en bajones. O nos enfocamos.
A veces, demasiado.
Enfocar en demasía es lo mismo que fumar veinte cigarrillos por día, durante años. Es un vicio. Y los vicios, deterioran la mente y el cuerpo, sin posibilidad de volver atrás.
Pero, ATENTOS, que en éstos casos los vicios se generan a falta del reemplazo apropiado para esa emoción. Entonces, poner la atención en otras cosas y que luego se vuelven objeto de vicio, no generan una cura real, sino un stand by que nos mantiene al borde del despotismo mental. Por eso, a veces... es mejor encerrarse y dedicar los recursos a sanar la cabeza que perder el tiempo en focalizar rutinas que ya conocemos y terminamos arruinando con nuestros excesos.
Pasa el tiempo para mí y es muy probable que pase el resto de mis días de la manera que más odio: la del ser humano. Sin embargo, no pienso ignorar un instante más que mis errores pueden desaparecer de la consciencia porque sí. Como sea, prefiero tomar responsabilidad de ellos, meditar los siglos que necesite para, finalmente, lograr una mejoría y con el objetivo final de alcanzar la paz que los reemplazos no otorgan.
Piénsenlo, sobre todo si tienen vicios rutinarios y caretas.
Bueno, inspirar algo de reflexión siempre fue la razón mundana de escribir en éste blog.
G
Se lee más el blog cuando no posteo o tardo en subir un nuevo tópico.
Hace no mucho, cuando aún seguía a gente en Facebook, me preocupaba mucho la cantidad de visitas que tenía en este lugar. No importaba mucho si faltaban las firmas, eran los "vistos" clavados que lograban conseguir con cada nuevo post. Pero se volvió un vicio, de los que alteraban mi humor diario y bueh... tuve que parar, tal vez no tanto con el blog, pero sí con "elfacebú": borré a casi todos mis conocidos y lo guardé para uso laboral o mesa de rol.
El alivio fue GIGANTE.
Pero, yendo a las raíces, el ser humano parece estar destinado a buscar reemplazos o a repetirse con el paso de los días, de los años y de las reencarnaciones... Imaginemos por un instante que perdemos algo de valor inestimable, como una pareja de años o a un familiar: el primer consejo que uno recibe, tanto de ajenos como de propios, es el de ocupar la mente en otras cosas, como el trabajo, el estudio o el hobby que se tenga. Dicho de una manera directa... reemplazar. Y reemplazamos. O nos ahogamos en bajones. O nos enfocamos.
A veces, demasiado.
Enfocar en demasía es lo mismo que fumar veinte cigarrillos por día, durante años. Es un vicio. Y los vicios, deterioran la mente y el cuerpo, sin posibilidad de volver atrás.
Pero, ATENTOS, que en éstos casos los vicios se generan a falta del reemplazo apropiado para esa emoción. Entonces, poner la atención en otras cosas y que luego se vuelven objeto de vicio, no generan una cura real, sino un stand by que nos mantiene al borde del despotismo mental. Por eso, a veces... es mejor encerrarse y dedicar los recursos a sanar la cabeza que perder el tiempo en focalizar rutinas que ya conocemos y terminamos arruinando con nuestros excesos.
Pasa el tiempo para mí y es muy probable que pase el resto de mis días de la manera que más odio: la del ser humano. Sin embargo, no pienso ignorar un instante más que mis errores pueden desaparecer de la consciencia porque sí. Como sea, prefiero tomar responsabilidad de ellos, meditar los siglos que necesite para, finalmente, lograr una mejoría y con el objetivo final de alcanzar la paz que los reemplazos no otorgan.
Piénsenlo, sobre todo si tienen vicios rutinarios y caretas.
Bueno, inspirar algo de reflexión siempre fue la razón mundana de escribir en éste blog.
G
viernes, 24 de octubre de 2014
Complicada simplicidad
.
Otra vez despierto, en medio de la noche y por culpa de un mal sueño.
Pero ésta vez, despierto molesto.
Tomé hace tiempo una decisión que le rinde a mi orgullo pero no soluciona del todo mi estado sentimental. Esa decisión descarta la acción de "reemplazo" por la de "sobrellevar" hasta el hartazgo quien me queda o, al menos, todas esas prendas de ropa inservibles para mí, porque son de mujer. Entonces, digo... nada de reemplazos, me la banco, me quedo quieto, sin chistar, callado (en la medida que pueda), sin asustarme, sin mirar lo nuevo, etc. Llega la era del "ya pasó un tiempo prudencial", digamos... "el día después de mañana" y mantengo la posición, firme y resoluto... y compruebo de que no está hecha a prueba de "largos plazos".
Y no hay vuelta atrás.
La única manera de solucionar esta constante falta de persona ajena y al deseo de querer siempre a la misma parece recaer en la repetitiva acción del reemplazo. Eso es, como si la solución termina en la vereda de enfrente, junto a lo que tanto me dediqué a evitar.
Pero no, no voy a caer sobre soluciones fáciles. No soy una persona fácil. No pueden comprarme. Puedo ser indulgente y luego, la mejor parte del ser humano: la que aprende de sus errores. No puedo manejar la peor, la impulsiva, la que no usa el cerebro. Sí puedo atarme a las reflexiones y a la correcta aplicación de mis ideales sobre los casilleros correctos. Siempre fui una persona complicada en sus malos momentos y, como todo aquel que decide bancársela solo, necesito elaborar con tiempo esas"simples" soluciones.
A veces pienso que la simpleza viene de la objetividad ajena y no de la subjetividad personal.
Es lo que hay.
Creo... creo que aún no encuentro la catarsis correcta.
Ni la manera de escribir una completa historia sin éste blog.
G
Otra vez despierto, en medio de la noche y por culpa de un mal sueño.
Pero ésta vez, despierto molesto.
Tomé hace tiempo una decisión que le rinde a mi orgullo pero no soluciona del todo mi estado sentimental. Esa decisión descarta la acción de "reemplazo" por la de "sobrellevar" hasta el hartazgo quien me queda o, al menos, todas esas prendas de ropa inservibles para mí, porque son de mujer. Entonces, digo... nada de reemplazos, me la banco, me quedo quieto, sin chistar, callado (en la medida que pueda), sin asustarme, sin mirar lo nuevo, etc. Llega la era del "ya pasó un tiempo prudencial", digamos... "el día después de mañana" y mantengo la posición, firme y resoluto... y compruebo de que no está hecha a prueba de "largos plazos".
Y no hay vuelta atrás.
La única manera de solucionar esta constante falta de persona ajena y al deseo de querer siempre a la misma parece recaer en la repetitiva acción del reemplazo. Eso es, como si la solución termina en la vereda de enfrente, junto a lo que tanto me dediqué a evitar.
Pero no, no voy a caer sobre soluciones fáciles. No soy una persona fácil. No pueden comprarme. Puedo ser indulgente y luego, la mejor parte del ser humano: la que aprende de sus errores. No puedo manejar la peor, la impulsiva, la que no usa el cerebro. Sí puedo atarme a las reflexiones y a la correcta aplicación de mis ideales sobre los casilleros correctos. Siempre fui una persona complicada en sus malos momentos y, como todo aquel que decide bancársela solo, necesito elaborar con tiempo esas"simples" soluciones.
A veces pienso que la simpleza viene de la objetividad ajena y no de la subjetividad personal.
Es lo que hay.
Creo... creo que aún no encuentro la catarsis correcta.
Ni la manera de escribir una completa historia sin éste blog.
G
sábado, 11 de octubre de 2014
Orgullo y perjuicio
.
Cuando no tengo trabajo, dedico mi tiempo a pensar y a repensar las mismas cosas. Además, tiendo a señalar puntos débiles con cierta "inocencia" y, cuando se acaban los míos, empiezo con los ajenos. Ya he mencionado con anterioridad los estados crónicos de mi personalidad, cuando me sobra el tiempo.
Hoy estoy pasando por dos puntos en común, que se unen en su clímax y nada tienen que ver cuando les va mal: la convivencia en pareja y el trabajo. No voy a explayarme sobre lo primero, es más cómo extraña uno esos momentos que el imperativo deseo de vivirlo.
Lo segundo se tocará con una reflexión.
(Creo que si las reflexiones valieran dinero, sería millonario. Aunque fuese un farsante.)
xD
Tener trabajo parece ser la definición de persona que sos, hoy en día. Representa la responsabilidad, el sacrificio, la importancia, la categoría, la situación económica, la ambición, la estabilidad, el orden, el alcance, el respeto... el/la qiofdosiuvjdxlkjvelwkjewuviouvdklvjdlkgjfdkglj y millones de etcéteras. Sin embargo, no podemos olvidar que la supuesta consecuencia principal, la dignidad, está basada en la autoestima y el juicio ajeno. Ahora, el trabajo "dignifica" en ciertos aspectos, porque te lleva a concebir el resto de los puntos que mencioné anteriormente, pero no te define; si vas a tener la autoestima por el suelo que no sea porque alguien no te contrata o porque no tenés la capacidad para que te contraten, sino porque no movés un dedo para que las posibilidades se multipliquen. Yo se... Se muy bien que el mundo es una mierda, que las necesidades de los demás exceden a las nuestras, que blah blah blah...
En fin.
No mezclemos los tantos, el amor propio se refiere a lo que UNO mismo piensa de su persona y, por consiguiente, a la aceptación de lo que uno HAYA ENCONTRADO dentro.
Pasando al juicio ajeno... bueno, a veces creo que son infinitas las situaciones donde a uno le importa demasiado lo que piensen los demás. Tengo que admitirlo: ese interés es un error del ser humano, una parte fallida y que no tiene arreglo. ¿Por qué? Lo ÚNICO que importa realmente es la idea que cada quien forma de sí mismo y el alcance logradocon la misma, durante toda una vida. No obstante, depositamos esas tildes en quienes no tienen la capacidad o, peor aún, en quienes no tienen interés en mejorar nuestras personas o desean el fracaso onmidioso (cagastellano, onmipotente + envidioso) de otros. Y no solamente se aplica a desconocidos, sino que también se atan cabos con familiares, amigos y hasta PAREJAS... A veces, el amor que predica la religión sentimental no es más una excusa para diezmos emocionales momentáneos y egoístas.
Traducción: la única manera en la que alguien puede aplicar juicio sobre tu vida es bajo tu consentimiento y totalmente abocado a la objetividad. Bajo ninguna otra circunstancia puede abrir la boca y creerse el dueño de tus virtudes y defectos.
Claro que, en éste mundo, casi nadie pide permiso. Eso dalo por seguro.
Volviendo al trabajo, bueno... buscar y no encontrar no define lo que sos, define la falta de una conexión POSITIVA que tengas con el mundo. La única solución es basar las oportunidades en el sacrificio. La suerte, la oportunidad, los resultados y la buena suerte... todo eso es relativo e incontrolable.
¿Por qué el sacrificio? Porque suma al porcentaje y te pone en un lugar con mucho más tráfico.
Me pregunto qué hubiera pasado si todos hubiésemos estudiado publicidad...
G
Cuando no tengo trabajo, dedico mi tiempo a pensar y a repensar las mismas cosas. Además, tiendo a señalar puntos débiles con cierta "inocencia" y, cuando se acaban los míos, empiezo con los ajenos. Ya he mencionado con anterioridad los estados crónicos de mi personalidad, cuando me sobra el tiempo.
Hoy estoy pasando por dos puntos en común, que se unen en su clímax y nada tienen que ver cuando les va mal: la convivencia en pareja y el trabajo. No voy a explayarme sobre lo primero, es más cómo extraña uno esos momentos que el imperativo deseo de vivirlo.
Lo segundo se tocará con una reflexión.
(Creo que si las reflexiones valieran dinero, sería millonario. Aunque fuese un farsante.)
xD
Tener trabajo parece ser la definición de persona que sos, hoy en día. Representa la responsabilidad, el sacrificio, la importancia, la categoría, la situación económica, la ambición, la estabilidad, el orden, el alcance, el respeto... el/la qiofdosiuvjdxlkjvelwkjewuviouvdklvjdlkgjfdkglj y millones de etcéteras. Sin embargo, no podemos olvidar que la supuesta consecuencia principal, la dignidad, está basada en la autoestima y el juicio ajeno. Ahora, el trabajo "dignifica" en ciertos aspectos, porque te lleva a concebir el resto de los puntos que mencioné anteriormente, pero no te define; si vas a tener la autoestima por el suelo que no sea porque alguien no te contrata o porque no tenés la capacidad para que te contraten, sino porque no movés un dedo para que las posibilidades se multipliquen. Yo se... Se muy bien que el mundo es una mierda, que las necesidades de los demás exceden a las nuestras, que blah blah blah...
En fin.
No mezclemos los tantos, el amor propio se refiere a lo que UNO mismo piensa de su persona y, por consiguiente, a la aceptación de lo que uno HAYA ENCONTRADO dentro.
Pasando al juicio ajeno... bueno, a veces creo que son infinitas las situaciones donde a uno le importa demasiado lo que piensen los demás. Tengo que admitirlo: ese interés es un error del ser humano, una parte fallida y que no tiene arreglo. ¿Por qué? Lo ÚNICO que importa realmente es la idea que cada quien forma de sí mismo y el alcance logradocon la misma, durante toda una vida. No obstante, depositamos esas tildes en quienes no tienen la capacidad o, peor aún, en quienes no tienen interés en mejorar nuestras personas o desean el fracaso onmidioso (cagastellano, onmipotente + envidioso) de otros. Y no solamente se aplica a desconocidos, sino que también se atan cabos con familiares, amigos y hasta PAREJAS... A veces, el amor que predica la religión sentimental no es más una excusa para diezmos emocionales momentáneos y egoístas.
Traducción: la única manera en la que alguien puede aplicar juicio sobre tu vida es bajo tu consentimiento y totalmente abocado a la objetividad. Bajo ninguna otra circunstancia puede abrir la boca y creerse el dueño de tus virtudes y defectos.
Claro que, en éste mundo, casi nadie pide permiso. Eso dalo por seguro.
Volviendo al trabajo, bueno... buscar y no encontrar no define lo que sos, define la falta de una conexión POSITIVA que tengas con el mundo. La única solución es basar las oportunidades en el sacrificio. La suerte, la oportunidad, los resultados y la buena suerte... todo eso es relativo e incontrolable.
¿Por qué el sacrificio? Porque suma al porcentaje y te pone en un lugar con mucho más tráfico.
Me pregunto qué hubiera pasado si todos hubiésemos estudiado publicidad...
G
sábado, 4 de octubre de 2014
Cosecha 1989
.
Wait...
... ella no me cree...
Llevo semanas sin oír su nombre en el viento. Mi mente no atiende visitas y vive sólo para mí, sentándose al costado de la cama donde mi autoestima yace, enferma. No hay sonidos que me lleven a compartir acciones, pero alguien nombrará mañana que sufro de abandono y tendrá razón, pero hoy... hoy es otra mujer la que menciona el nombre de la tempestad y viene a la luz con un brillo que al mismo sol ciega. Saboreo unos instantes su toque de "malo conocido".
Es igual, pero distinto.
¿Por qué esa persona que nombra al viento no cree que pueda alejar de mi esa debilidad, por semanas enteras? ¿Cuál es la verdadera impresión que le queda? ¿La falta de confianza? ¿O una idea que pecó de traicionera y logró hacerla tambalear, dejándola en evidencia?
De repente, siento que alguien ajeno a mí, elige olvidar mucho menos que mis propios complejos. Y sobre mí vida, no la suya.
Probablemente me equivoque y, sin embargo, el sabor no se va y me deja pensando en todos esas cosas... errr... en todos esos minutos, no... ¡EN TODOS ESOS MOMENTOS! ¡Sí! ¡Eso mismo! Me deja pensando en todos esos momentos que...
Un segundo.
¿De qué estaba hablando?
No, no me olvido, pero sí aprendo a restar importancia. No conozco otra persona que se complique la vida tanto como yo (menos mal) y veo que una de las soluciones antigabrielianas probables es la de quitar méritos. NO LA DE DESVALORIZAR, sí la patear pedestales y de romper cabinas con cristales polarizados. No más ideales fallidos; no porque haya sido un error, sino porque soy quien vive 24 horas dentro del escritor y sé bien que no tengo manera de escapar de mí.
En cuanto al sabor... no se va. Y se asemeja al recuerdo.
Es entonces cuando descubro de que hay otro gusto de fondo, un tanto agridulce.
En qué momento me habré convencido de que existía la palabra "perfección"...
G
Wait...
... ella no me cree...
Llevo semanas sin oír su nombre en el viento. Mi mente no atiende visitas y vive sólo para mí, sentándose al costado de la cama donde mi autoestima yace, enferma. No hay sonidos que me lleven a compartir acciones, pero alguien nombrará mañana que sufro de abandono y tendrá razón, pero hoy... hoy es otra mujer la que menciona el nombre de la tempestad y viene a la luz con un brillo que al mismo sol ciega. Saboreo unos instantes su toque de "malo conocido".
Es igual, pero distinto.
¿Por qué esa persona que nombra al viento no cree que pueda alejar de mi esa debilidad, por semanas enteras? ¿Cuál es la verdadera impresión que le queda? ¿La falta de confianza? ¿O una idea que pecó de traicionera y logró hacerla tambalear, dejándola en evidencia?
De repente, siento que alguien ajeno a mí, elige olvidar mucho menos que mis propios complejos. Y sobre mí vida, no la suya.
Probablemente me equivoque y, sin embargo, el sabor no se va y me deja pensando en todos esas cosas... errr... en todos esos minutos, no... ¡EN TODOS ESOS MOMENTOS! ¡Sí! ¡Eso mismo! Me deja pensando en todos esos momentos que...
Un segundo.
¿De qué estaba hablando?
No, no me olvido, pero sí aprendo a restar importancia. No conozco otra persona que se complique la vida tanto como yo (menos mal) y veo que una de las soluciones antigabrielianas probables es la de quitar méritos. NO LA DE DESVALORIZAR, sí la patear pedestales y de romper cabinas con cristales polarizados. No más ideales fallidos; no porque haya sido un error, sino porque soy quien vive 24 horas dentro del escritor y sé bien que no tengo manera de escapar de mí.
En cuanto al sabor... no se va. Y se asemeja al recuerdo.
Es entonces cuando descubro de que hay otro gusto de fondo, un tanto agridulce.
En qué momento me habré convencido de que existía la palabra "perfección"...
G
viernes, 3 de octubre de 2014
Síndrome de Estocolmo
.
¿Qué es éste absurdo miedo a escuchar canciones? ¿Desde cuándo siento que la música es tabú? ¿No será un cansancio pasajero? ¿Tal vez?
No hay sueños, tema aparte. Busco laburo de mañana, duermo de tarde y disfruto del silencio por la noche. A veces, me asomo sobre el hombro de otro vicio y le pregunto si quiere compartir momentos que sirvan para nada. A veces asiente, a veces es más no que si. Hablé del silencio, de los que habitan en castillos abadonados o ruinas ancestrales. Ojalá fuera de los del viento: son tan dulces que dan placer. La noche sigue, con sus delirios y cuestiones inentendibles para la gente que no sabe leer EN líneas y no "entre", pero la culpa es mía... mía por ser tan diferente, de los que la gente quiere y aborrece, porque soy mago e inquisidor, te doy la vida a cambio de nada y te la quito porque así lo dicta mi religión...
Sí, tengo un problema grande con la opinión de los demás. Y con la música. Pero, digo... no entiendo porqué me importa tanto lo que piensen BIEN de mí (no me calienta lo MAL), si la cuestión pasa por solamente poseer la atención sobre el arte que "supuestamente" llevo a cabo y nada más. Después, para cuestiones personales, se queda la falta de criterio para mezclarme entre tantos. Digo, de pintor entiendo poco y nada pero... cambiar radicalmente la mente hogar de los demás no significa que crea en ellos, en vos, en ustedes. Y en aquel, el que se parece a mí pero es bien distinto.
La parte "amor"... bueh, realmente me siento vacío de dichas opiniones. Suerte, por ésta vez.
Me llaman para ofrecer tarjeta.
Sigo.
El mundo no tiene vueltas: es trabajar, cumplir metas y mezclarse, sobre todo. Pero, ¿cómo puede mezclarse quien se acostumbró a vivir en el fondo? Puede que me haya vuelto ateo por gritar el nombre de dios mil quinientas millones de veces y jamás haber recibido respuesta. Sin embargo, algo dentro de mí contiene la verdad absoluta...
¿Soy mago o un ilusionista?
¿Tengo potencial o deposité confianza en las manos equivocadas?
¿Me sobra el tiempo para reflexionar sobre la falta de ocupación o ya no queda cinta para remendar el ventanal quebrado?
Y no quiero poner canciones, encima.
Es por miedo, lo sé.
Miedo a convencerme de que realmente... no se vive en la oscuridad.
G
¿Qué es éste absurdo miedo a escuchar canciones? ¿Desde cuándo siento que la música es tabú? ¿No será un cansancio pasajero? ¿Tal vez?
No hay sueños, tema aparte. Busco laburo de mañana, duermo de tarde y disfruto del silencio por la noche. A veces, me asomo sobre el hombro de otro vicio y le pregunto si quiere compartir momentos que sirvan para nada. A veces asiente, a veces es más no que si. Hablé del silencio, de los que habitan en castillos abadonados o ruinas ancestrales. Ojalá fuera de los del viento: son tan dulces que dan placer. La noche sigue, con sus delirios y cuestiones inentendibles para la gente que no sabe leer EN líneas y no "entre", pero la culpa es mía... mía por ser tan diferente, de los que la gente quiere y aborrece, porque soy mago e inquisidor, te doy la vida a cambio de nada y te la quito porque así lo dicta mi religión...
Sí, tengo un problema grande con la opinión de los demás. Y con la música. Pero, digo... no entiendo porqué me importa tanto lo que piensen BIEN de mí (no me calienta lo MAL), si la cuestión pasa por solamente poseer la atención sobre el arte que "supuestamente" llevo a cabo y nada más. Después, para cuestiones personales, se queda la falta de criterio para mezclarme entre tantos. Digo, de pintor entiendo poco y nada pero... cambiar radicalmente la mente hogar de los demás no significa que crea en ellos, en vos, en ustedes. Y en aquel, el que se parece a mí pero es bien distinto.
La parte "amor"... bueh, realmente me siento vacío de dichas opiniones. Suerte, por ésta vez.
Me llaman para ofrecer tarjeta.
Sigo.
El mundo no tiene vueltas: es trabajar, cumplir metas y mezclarse, sobre todo. Pero, ¿cómo puede mezclarse quien se acostumbró a vivir en el fondo? Puede que me haya vuelto ateo por gritar el nombre de dios mil quinientas millones de veces y jamás haber recibido respuesta. Sin embargo, algo dentro de mí contiene la verdad absoluta...
¿Soy mago o un ilusionista?
¿Tengo potencial o deposité confianza en las manos equivocadas?
¿Me sobra el tiempo para reflexionar sobre la falta de ocupación o ya no queda cinta para remendar el ventanal quebrado?
Y no quiero poner canciones, encima.
Es por miedo, lo sé.
Miedo a convencerme de que realmente... no se vive en la oscuridad.
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